* Me tomo por lo general seis o siete litros de agua al día. Vivo con una botella encima y sufro terriblemente cuando se me olvida.
* Cuando era chiquita, casi me ahogo en la playa a causa de una mujer que no sabía nadar. Me traumatizó principalmente porque me hizo agarrarle miedo a algo que antes amaba. Lo superé unos años después.
* Me gusta ducharme con agua fría porque lo uso como ejercicio mental para aprender a controlar mis impulsos.
* Me gusta la lluvia cuando hace calor. Ese clima causa que la humedad sea casi palpable, y me hace sentir inexplicablemente a gusto.
* Alguien una vez me dijo que si te lavas la cara con agua helada mientras aguantas la respiración en las mañanas, la cara se te deshincha más rápido. No sé si es verdad, pero lo adopté como parte de mi rutina matutina. Había mención de focas también, pero se me escapa qué relación tenían con el cuento.
* Cuando sofrío vegetales, o frío un huevo, uso agua en vez de aceite.
* Amo las piscinas pero no he aprendido a amar la natación, principalmente porque no se respirar eficientemente y me canso nadando 25 metros.
* Me aterra un poco bastante estar en barcos en el medio del mar cuando no puedo ver ni un trocito de tierra a lo lejos.
* Mi niñez está llena de amenazas de embolias si no esperaba media hora antes de entrar a la piscina o playa después de comer. Mi abuela es extremista y está convencida de que cualquier contacto con el agua (excluyendo beberla) después de comer lleva a la muerte porque un tío abuelo o no sé quién una vez se murió después de meter los pies en una ponchera de agua al finalizar su almuerzo.
* En la piscina del colegio solo me podía lanzar del trampolín alto si seguía rápidamente a otra persona. El agua sin movimiento me inquietaba de una forma que solo calmaban las burbujas que provocaba la caída de mi antecesor.
* Me siento en paz cuando tengo algún cuerpo de agua cerca, y la vida se ha encargado de situarme a menudo cerca de uno. En Tailandia, Bariloche y Taupo vivía cerca de un lago. En La Romana vivía en toda la costa, al igual que durante los últimos meses que viví en Nueva Zelanda. Presentemente vivo en frente de un lago que además no puede tener mejor nombre que el efecto que me causa su proximidad. Serenidad.
-Vita Armador
Las historias de Vita Armador, Urrutia Del Palmar, y Thaitín Marín: No había azucar, pero había robe de chambre.
Showing posts with label Vita Armador. Show all posts
Showing posts with label Vita Armador. Show all posts
Sunday, January 11, 2015
Saturday, January 10, 2015
Un día largo
Querido diario:
Estoy bastante cansada pues hoy tuve un día muy ajetreado. Mi mamá está de viaje y Christopher estaba siendo tan flojo como de costumbre, así que tuve que madrugar a darle de comer a los animales y a ordeñar nuestras vacas.
Las clases estuvieron bastante aburridas y nos devolvieron el examen de biología, en el cual no salí muy bien que digamos. Odio las ciencias, no hay manera de que me entren en la cabeza. Prefiero hacer cien exámenes de matemáticas que uno de ciencias. No me gusta esa materia para nada.
Estaba medio deprimida por mi nota, pero cuando llegué a la casa me dió la bienvenida un delicioso olor, y sabía que la señora Pancha había horneado algo suculento. Me sirvió un gran trozo de torta con un vaso de leche, y me levantó el ánimo su mera presencia. La señora Pancha tiene una personalidad bastante peculiar, nos regaña mucho, pero siempre lo hace con amor. Hoy se dio cuenta de que andaba desanimada y se encargó de distraerme contándome de su día.
Luego de la merienda vino el veterinario y lo acompañamos a inspeccionar a Katana, uno de nuestro caballos. Ha estado inapetente desde ayer en la mañana, y estábamos preocupados por su bienestar. El veterinario dijo que nada parecía estar mal, pero se llevó una muestra de sangre para su laboratorio. Tendremos que esperar un par de días a ver los resultados.
Antes de hacer mis tareas ayudé a la señora Pancha a darle la cena a los animales. Los perros parecían especialmente hambrientos hoy. Tanta corredera por la pradera los deja exhaustos y con un inmenso apetito. Christopher por supuesto no quizo ayudar, y se quedó encerrado en su cuarto haciendo quién sabe que. A veces ese niño me saca la piedra.
Ahora me falta un poco de tarea y después a dormir, estoy muerta.
Hasta la próxima entrada.
-Adelina
Estoy bastante cansada pues hoy tuve un día muy ajetreado. Mi mamá está de viaje y Christopher estaba siendo tan flojo como de costumbre, así que tuve que madrugar a darle de comer a los animales y a ordeñar nuestras vacas.
Las clases estuvieron bastante aburridas y nos devolvieron el examen de biología, en el cual no salí muy bien que digamos. Odio las ciencias, no hay manera de que me entren en la cabeza. Prefiero hacer cien exámenes de matemáticas que uno de ciencias. No me gusta esa materia para nada.
Estaba medio deprimida por mi nota, pero cuando llegué a la casa me dió la bienvenida un delicioso olor, y sabía que la señora Pancha había horneado algo suculento. Me sirvió un gran trozo de torta con un vaso de leche, y me levantó el ánimo su mera presencia. La señora Pancha tiene una personalidad bastante peculiar, nos regaña mucho, pero siempre lo hace con amor. Hoy se dio cuenta de que andaba desanimada y se encargó de distraerme contándome de su día.
Luego de la merienda vino el veterinario y lo acompañamos a inspeccionar a Katana, uno de nuestro caballos. Ha estado inapetente desde ayer en la mañana, y estábamos preocupados por su bienestar. El veterinario dijo que nada parecía estar mal, pero se llevó una muestra de sangre para su laboratorio. Tendremos que esperar un par de días a ver los resultados.
Antes de hacer mis tareas ayudé a la señora Pancha a darle la cena a los animales. Los perros parecían especialmente hambrientos hoy. Tanta corredera por la pradera los deja exhaustos y con un inmenso apetito. Christopher por supuesto no quizo ayudar, y se quedó encerrado en su cuarto haciendo quién sabe que. A veces ese niño me saca la piedra.
Ahora me falta un poco de tarea y después a dormir, estoy muerta.
Hasta la próxima entrada.
-Adelina
Wednesday, January 7, 2015
Un toque de verde
Mi paisaje está en movimiento. Estoy en el autobús, camino a la universidad, y miro por la ventana todo lo que me rodea. El día esta nublado como es de costumbre por estos lares, y los árboles están hermosamente frondosos.
He aprendido a apreciar el clima de esta zona, sobretodo por lo que aporta a la belleza natural. Las lluvias perpetuas hacen que todo sea constantemente más verde y por ende más atractivo para mis ojos. He aprendido también a apreciar las nubes, pues su presencia significa que el clima estará un poco menos frío (decir "más caliente" sería una exageración). Con lo mucho que amo el sol, prefiero no verlo durante el invierno. Sus rayos significan un frío que te penetra los huesos, así que lamentablemente prefiero su ausencia.
Me encantan los árboles de todo tipo. Los frondosos llenos de vida y los que duermen por el frío me parecen bellos por igual. Aquí los hay por todos lados y amo vivir en un sitio que ha hecho un gran esfuerzo por preservar su hermosa naturaleza.
El autobús me pasea de una ciudad a otra, entre edificios y autopistas, carros y gente, pero siempre hay un toque de verde, un toque de vida entre todo lo demás, que satisface mis ojos y me hace sonreír desde lo mas profundo de mi pancita.
-Vita Armador
He aprendido a apreciar el clima de esta zona, sobretodo por lo que aporta a la belleza natural. Las lluvias perpetuas hacen que todo sea constantemente más verde y por ende más atractivo para mis ojos. He aprendido también a apreciar las nubes, pues su presencia significa que el clima estará un poco menos frío (decir "más caliente" sería una exageración). Con lo mucho que amo el sol, prefiero no verlo durante el invierno. Sus rayos significan un frío que te penetra los huesos, así que lamentablemente prefiero su ausencia.
Me encantan los árboles de todo tipo. Los frondosos llenos de vida y los que duermen por el frío me parecen bellos por igual. Aquí los hay por todos lados y amo vivir en un sitio que ha hecho un gran esfuerzo por preservar su hermosa naturaleza.
El autobús me pasea de una ciudad a otra, entre edificios y autopistas, carros y gente, pero siempre hay un toque de verde, un toque de vida entre todo lo demás, que satisface mis ojos y me hace sonreír desde lo mas profundo de mi pancita.
-Vita Armador
Monday, January 5, 2015
Zulio y Filena
Zulio se había criado, como todo Sagitario en Quilojua, para ser arquero en el ejército del reino. En esa lejana tierra, donde el zodíaco era ley y religión, tu signo dictaba tu futuro. Niños eran criados por sus padres hasta los ocho años y luego se formaban en instituciones del estado. Se les permitía ver a sus familias una vez al año por dos días, pero de resto no interactuaban con personas de otros signos en lo absoluto. Zulio estudiaba con otros Sagitarios bajo la tutela de Sagitarios. Recibía una educación completa, pero desde los trece años se concentraban mayormente en arquería.
Quilojua estaba en guerra declarada contra Lieruvia, y ahora que Zulio tenía dieciocho años, iría a defender la frontera al noreste del territorio. No tenía mucho que lamentar ni mucho que temer, pues ese era el destino para el cual había sido criado. No conocía alternativa alguna. Eso fue hasta que conoció a la hermosa Filena.
Filena era Libra y de naturaleza rebelde. Como su signo indicaba era responsable por el balance del estado y por eso había sido criada para dedicarse a las leyes. Ella siempre había querido aprender más, y constantemente se metía en problemas por escapar de su institución para explorar las tierras que la rodeaban. El castigo por desobediencia de cualquier tipo era el exilio, pero Filena tenía un encanto sobrenatural que le permitía salirse con las suyas de vez en cuando.
En una noche típica de exploración, Filena se topó con la institución Sagitario y se armó de valor para entrar. Había oído que los Sagitario eran peligrosos al igual que los Escorpio quienes eran entrenados para el uso de lanzas. Zulio se había quedado dormido bajo un árbol después de su práctica de la tarde y despertó al oír que alguien tropezaba con su bolso de flechas. Reaccionó rápida y eficientemente como buen soldado y agarro a la intrusa por la muñeca. Cuando Filena volteó, la luna iluminó sus ojos y Zulio quedó encantado.
Filena le abrió los ojos de una manera que Zulio jamás imaginó, y éste comenzó a cuestionar todo acerca de su vida. Ya no estaba convencido de querer ser arquero, de querer ir a la frontera o de querer alejarse de Filena. Esta niña le había volteado el mundo y ahora Zulio no sabía que iba a hacer con su futuro. Nunca había considerado que tenía otras opciones, y la verdad es que, legalmente, no las tenía. Pero después de conocer a Filena, Zulio no podía regresar a su vida conforme. Estaba dispuesto a arriesgarse, a rebelarse. Sabía que podía terminar en el exilio, pero con Filena a su lado, esto también le parecía una aventura.
-Vita Armador
Saturday, January 3, 2015
Vita chiquita
Recuerdo claramente las mañanas mirándome en el espejo con cara de sueño, mientras mi mamá acomodaba mi abundante pelo en un esfuerzo de calmarlo para que no me molestara en la gimnasia. A mi abuelo siempre le encantó mi pelo largo, y a menudo me comparaba con Daniela Romo. A mi siempre me pareció que había heredado más pelo de lo necesario y sinceramente me daba fastidio su existencia en mi cabeza, pues también heredé practicidad y flojera.
Por lo general mis atuendos consistían del uniforme del colegio y la malla de gimnasia, si no me dormía con uno de esos dos, pues también incluían pijamas. Si no estaba estudiando, estaba entrenando, y si no estaba haciendo una de esas dos actividades, probablemente estaba durmiendo.
Físicamente era una masita de músculo, resultado del deporte día y noche desde los cuatro años. Era chiquita pero fuerte, y me defendía bien de los fastidios de mis hermanos mayores.
Tenía una personalidad bastante tranquila. Me encantaba estar en mi propio mundo, y no recuerdo que nunca me haya afectado pasar tiempo sola. Mientras mi hermano le lanzaba triqui-traquis al hospital de al lado, yo pasaba horas poniendo mini salchichas en mini panes de perro caliente y jugando con mis muñecas. Él siempre estaba rebotando de las paredes, mientras yo me entretenía fácilmente leyendo un libro.
Muchos me consideraban algo antipática debido a que vivía más dentro de mi cabeza que en el mundo "real"; por eso me costaba a veces llevarme con otros de mi edad. Me fastidiaba estar siempre rodeada de gente, lo cual era inevitable entre el colegio y la gimnasia. Nunca tuve otra herramienta que antipatía para encontrar un poco de espacio en el mundo social en el que existía.
De pequeña mi existencia fue feliz y completa. Mis padres fueron increíbles ejemplos y mi mamá fue, y es hasta el sol de hoy, el humano más fantástico que tengo la dicha de conocer.
-Vita Armador
Por lo general mis atuendos consistían del uniforme del colegio y la malla de gimnasia, si no me dormía con uno de esos dos, pues también incluían pijamas. Si no estaba estudiando, estaba entrenando, y si no estaba haciendo una de esas dos actividades, probablemente estaba durmiendo.
Físicamente era una masita de músculo, resultado del deporte día y noche desde los cuatro años. Era chiquita pero fuerte, y me defendía bien de los fastidios de mis hermanos mayores.
Tenía una personalidad bastante tranquila. Me encantaba estar en mi propio mundo, y no recuerdo que nunca me haya afectado pasar tiempo sola. Mientras mi hermano le lanzaba triqui-traquis al hospital de al lado, yo pasaba horas poniendo mini salchichas en mini panes de perro caliente y jugando con mis muñecas. Él siempre estaba rebotando de las paredes, mientras yo me entretenía fácilmente leyendo un libro.
Muchos me consideraban algo antipática debido a que vivía más dentro de mi cabeza que en el mundo "real"; por eso me costaba a veces llevarme con otros de mi edad. Me fastidiaba estar siempre rodeada de gente, lo cual era inevitable entre el colegio y la gimnasia. Nunca tuve otra herramienta que antipatía para encontrar un poco de espacio en el mundo social en el que existía.
De pequeña mi existencia fue feliz y completa. Mis padres fueron increíbles ejemplos y mi mamá fue, y es hasta el sol de hoy, el humano más fantástico que tengo la dicha de conocer.
-Vita Armador
El club de los 5
El regalo para mi décimo cumpleaños fue una casa en al árbol del jardín trasero de mi casa. Tenía más de dos años pidiendo una casi todos los días, y mis papás por fin me la habían construido. Mi cumpleaños cayó al sábado siguiente al último día de clases así que la estrené con mis amigos y prácticamente pasamos toda la fiesta allá arriba. Es más, pasamos todas las vacaciones allá arriba.
Nos habíamos declarado detectives del vecindario y teníamos meses trabajando en diferentes proyectos. Ahora por fin teníamos un centro de operaciones. Habíamos ordenado el comando para mantenernos organizados y durante las vacaciones nos reuníamos todos los días para hablar de los casos pendientes. Mi mamá nos había prestado un archivero pequeño para mantener papeles relevantes y evidencia. Nos sentíamos oficiales y con ganas de investigar. Teníamos un corcho y un pizarrón, y también almohadas y sacos de dormir para cuando las investigaciones se alargaban hasta tarde.
El caso más urgente era descubrir quién le había destruido el jardín de rosas a la señora Ortiz, pero nos estaba costando recolectar evidencia. Lo bueno de las vacaciones era que teníamos más tiempo para dedicarle a los casos. Lo malo de las vacaciones era que había menos gente y menos movimiento en la cuadra. Después de analizar el jardín por enésima vez, Juancho descubrió debajo de un poco de tierra una china. La trajo a la siguiente reunión e inmediatamente supimos que se trataba de Andrés el ruso. Aparte de las letras "AQ" talladas en la madera, el ruso tenía un mes deleitándose en atacar pájaros varios en el vecindario con su preciada arma. Ahora solo necesitábamos encontrar un motivo por el cuál el ruso y su pandilla atacarían las rosas de Ortiz.
Eramos cinco los que componíamos el equipo. Juancho y yo prácticamente nos habíamos criado juntos. Cecilia y su hermanito Cristóbal vivían en la casa de al lado. Cecilia nos mantenía en orden, y Cristóbal era muy pilas. Por último estaba mi primo Tomás que fue el último en unirse al grupo, pues recién se había mudado al vecindario. Los cinco pasábamos horas hablando de casos e imaginando situaciones hipotéticas. La casa del árbol se convirtió en nuestro sitio favorito. Estábamos día y noche creando e investigando. Mi mamá nos subía galletas y limonada, y francamente eso era todo lo que necesitábamos.
Casi al final del verano ya teníamos suficiente evidencia y estábamos listos para presentársela a la señora Ortiz. Pautamos reunirnos en la casa del árbol para ir todos juntos y lo que encontramos me saca lágrimas hasta el sol de hoy. Mi hermosa casa del árbol era ahora una pila de madera en el piso y a la distancia podía ver el rostro de Andrés el ruso y su malévola sonrisa.
-Vita Armador
Nos habíamos declarado detectives del vecindario y teníamos meses trabajando en diferentes proyectos. Ahora por fin teníamos un centro de operaciones. Habíamos ordenado el comando para mantenernos organizados y durante las vacaciones nos reuníamos todos los días para hablar de los casos pendientes. Mi mamá nos había prestado un archivero pequeño para mantener papeles relevantes y evidencia. Nos sentíamos oficiales y con ganas de investigar. Teníamos un corcho y un pizarrón, y también almohadas y sacos de dormir para cuando las investigaciones se alargaban hasta tarde.
El caso más urgente era descubrir quién le había destruido el jardín de rosas a la señora Ortiz, pero nos estaba costando recolectar evidencia. Lo bueno de las vacaciones era que teníamos más tiempo para dedicarle a los casos. Lo malo de las vacaciones era que había menos gente y menos movimiento en la cuadra. Después de analizar el jardín por enésima vez, Juancho descubrió debajo de un poco de tierra una china. La trajo a la siguiente reunión e inmediatamente supimos que se trataba de Andrés el ruso. Aparte de las letras "AQ" talladas en la madera, el ruso tenía un mes deleitándose en atacar pájaros varios en el vecindario con su preciada arma. Ahora solo necesitábamos encontrar un motivo por el cuál el ruso y su pandilla atacarían las rosas de Ortiz.
Eramos cinco los que componíamos el equipo. Juancho y yo prácticamente nos habíamos criado juntos. Cecilia y su hermanito Cristóbal vivían en la casa de al lado. Cecilia nos mantenía en orden, y Cristóbal era muy pilas. Por último estaba mi primo Tomás que fue el último en unirse al grupo, pues recién se había mudado al vecindario. Los cinco pasábamos horas hablando de casos e imaginando situaciones hipotéticas. La casa del árbol se convirtió en nuestro sitio favorito. Estábamos día y noche creando e investigando. Mi mamá nos subía galletas y limonada, y francamente eso era todo lo que necesitábamos.
Casi al final del verano ya teníamos suficiente evidencia y estábamos listos para presentársela a la señora Ortiz. Pautamos reunirnos en la casa del árbol para ir todos juntos y lo que encontramos me saca lágrimas hasta el sol de hoy. Mi hermosa casa del árbol era ahora una pila de madera en el piso y a la distancia podía ver el rostro de Andrés el ruso y su malévola sonrisa.
-Vita Armador
Thursday, January 1, 2015
Noche de paz y galletas
Olía a quemado. Julieta estaba sentada viendo por la ventana y se le habían olvidado que las galletas estaban en el horno. Esta era su temporada favorita. Decoraba galletas de arbolitos, hombres de nieve, estrellas, bambolinas, copos y renos. Se deleitaba en esa tarea, pero este año era más rutina que placer. Ya no quería hacer las galletas. No le importaba si a los renos se le rompían los cuernos, o si le caía escarcha del color equivocado a los copos de nieve. Tan perfeccionista que había sido todos esos años, y ahora ni le importaba.
Una chicuela despeinada y con ojitos de sueño salió de su cuarto y vio a su mamá. Julieta la vio, entró en razón, y se dio cuenta de que se estaban quemando las galletas. Corrió hacia la cocina, apartó un poco el humo y sacó la idea de galletas del horno. A este punto, no eran más que siluetas negras sin forma descifrable.
Julieta abrió la ventana para airear la casa y levantó a la chicuela en sus brazos. Prendió la radio y empezó a bailar con su niña al ritmo de Noche de Paz. Nunca pensó poder amar a alguien como amaba a esta pequeña, y sonrió una sonrisa triste pensando en todo lo ocurrido. Esta era su primera Navidad solas, pero la tenía a ella, y eso era suficiente. Esta criaturita hacía que todo valiera la pena y se propuso regresar a la cocina a hacer las galletas más hermosas que jamás había hecho para su chiquita.
La niña se había quedado dormida en los brazos de Julieta, y ella la acostó de nuevo, pero esta vez en el sofá de la sala para poder verla mientras horneaba otro rato. Se veía angelical arropadita y bajo la luz de árbol. Era luna llena, y con el frío que entraba por la ventana abierta, entraba también una hermosa luz blanca que le daba paz al ambiente.
Julieta preparó otro lote de galletas mientras veia a su chiquita y se recordaba a si misma lo afortunada que era de tener en su día favorito a una pequeña tan perfecta y hermosa.
-Vita Armador
Tuesday, December 30, 2014
Un deleite anual
Cuando me despierto al mediodía, por lo general como almuerzo de desayuno. Hoy en particular me provocaron hallacas. Como es tradición en mi casa, si hay hallacas en la nevera, no se cocina otra cosa. Amo las hallacas, amo el proceso de hacerlas y más aun el proceso de comerlas. La tragedia de chiquita era comerme uno los cubos de tocino que le ponía mi abuela a las hallacas. Por eso, cada hallaca de mi infancia necesitaba inspección y disección meticulosa con un tenedor.
Hoy en día soy vegetariana y no le pongo cochino a mis hallacas, así que la tragedia de mi infancia ha sido superada. No necesito inspeccionar mis hallacas porque sé exactamente qué hay en ellas. A mi mamá le queda la masa perfecta, y el guiso, aunque vegetariano, huele y sabe como Scanonne manda. Siempre me han encantado los adornos y por lo general le pongo más de lo indicado. Encontrar almendras y aceitunas en cada bocado es mi parte favorita. Por lo general una hallaca es del tamaño de una mano, pero este año nos quedaron de todo tipo, grandes y pequeñas. Culpo las hojas de plátano, que aunque eran hermosas, estaban demasiado tiesas para cooperar conmigo a la hora de amarrar. Tuve que depender del papel aluminio un poco más de lo deseado este año, pero ni modo, no hay que darse mala vida cuando las cosas no pasan como deberían.
Las hallacas quedaron divinas, un poquito dulces porque se nos pasó el papelón, pero un deleite igualmente. Es uno de mis platos favoritos y creo que el tenerlo una sola vez al año añade a la anticipación de la divertida creación y el delicioso sabor.
-Vita Armador
Hoy en día soy vegetariana y no le pongo cochino a mis hallacas, así que la tragedia de mi infancia ha sido superada. No necesito inspeccionar mis hallacas porque sé exactamente qué hay en ellas. A mi mamá le queda la masa perfecta, y el guiso, aunque vegetariano, huele y sabe como Scanonne manda. Siempre me han encantado los adornos y por lo general le pongo más de lo indicado. Encontrar almendras y aceitunas en cada bocado es mi parte favorita. Por lo general una hallaca es del tamaño de una mano, pero este año nos quedaron de todo tipo, grandes y pequeñas. Culpo las hojas de plátano, que aunque eran hermosas, estaban demasiado tiesas para cooperar conmigo a la hora de amarrar. Tuve que depender del papel aluminio un poco más de lo deseado este año, pero ni modo, no hay que darse mala vida cuando las cosas no pasan como deberían.
Las hallacas quedaron divinas, un poquito dulces porque se nos pasó el papelón, pero un deleite igualmente. Es uno de mis platos favoritos y creo que el tenerlo una sola vez al año añade a la anticipación de la divertida creación y el delicioso sabor.
-Vita Armador
El pez sapo de Falcón
Los viajes con mi mamá siempre han sido mis favoritos. Sin importar si eran largos en el exterior o imaginarios en el patio de nuestra casa, ella siempre se encargaba de que nos divirtiéramos. Este viaje en particular fue a Falcón. Mi papá estaba trabajando por allá, y nosotros fuimos a pasar unos días con él. Falcón es el tipo de lugar donde hace calor todo el tiempo y hay arena en todas partes.
Un día, mientras mi papá trabajaba, fuimos a explorar la costa en busca de una playa desierta. No estoy segura por qué no íbamos a alguna playa conocida, pero la aventura era emocionante. Nos paramos en un par de playas que obviamente no estaban a la talla porque seguimos de largo. Cuando llegamos a ésta, mi hermano y yo ya estábamos cansados del carro y queríamos meternos al agua, así que mi mamá asintió.
En esta playa no había un alma. Eramos mi mamá, mi hermano, las algas y yo. Nunca había visto una playa con tantas algas. Verdes y babosas, se nos enredaban en los tobillos al caminar en el agua. Al principio me dio asquito, pero jugando con mi hermano se me olvidaron las matas. Teníamos una tabla corta, y nos turnábamos arrastrando al otro. No suena súper divertido, pero nos entreteníamos de lo lindo. Mi hermano y yo siempre nos entreteníamos fácilmente. Me tocaba a mi arrastrarlo por ese monte submarino cuando de repente solté la cuerda y pegué un grito.
Mi mamá estaba en la orilla a unos cien metros y corrió hacia nosotros mientras mi hermano trataba de sacarme del agua. Solo recuerdo que me metieron en la maleta de la Caribe y todavía tenía algas pegadas en los pies. Mi mamá encontró un hospital que yo sentí era gigante, pero habré visto no más de cinco personas. Le dijo a mi hermano que se quedara conmigo para asegurarse que usaran jeringas nuevas y ella desapareció no sé a dónde.
Usaron una jeringa nueva, dos para ser más exacta. Me inyectaron no sé qué, sin presencia de un adulto y sin consentimiento alguno. Le informaron a mi mamá que lo más probable era que me había mordido un pez sapo. Mi mamá me sacó en brazos de ese hospital desierto y fuimos a almorzar con mi papá. Toda esa aventura en una sola mañana. Me quedó una pequeña cicatriz, que se ha disminuido con los años, pero sigue ahí como recuerdo. Así fue como me marcó el pez sapo de Falcón.
-Vita Armador
Un día, mientras mi papá trabajaba, fuimos a explorar la costa en busca de una playa desierta. No estoy segura por qué no íbamos a alguna playa conocida, pero la aventura era emocionante. Nos paramos en un par de playas que obviamente no estaban a la talla porque seguimos de largo. Cuando llegamos a ésta, mi hermano y yo ya estábamos cansados del carro y queríamos meternos al agua, así que mi mamá asintió.
En esta playa no había un alma. Eramos mi mamá, mi hermano, las algas y yo. Nunca había visto una playa con tantas algas. Verdes y babosas, se nos enredaban en los tobillos al caminar en el agua. Al principio me dio asquito, pero jugando con mi hermano se me olvidaron las matas. Teníamos una tabla corta, y nos turnábamos arrastrando al otro. No suena súper divertido, pero nos entreteníamos de lo lindo. Mi hermano y yo siempre nos entreteníamos fácilmente. Me tocaba a mi arrastrarlo por ese monte submarino cuando de repente solté la cuerda y pegué un grito.
Mi mamá estaba en la orilla a unos cien metros y corrió hacia nosotros mientras mi hermano trataba de sacarme del agua. Solo recuerdo que me metieron en la maleta de la Caribe y todavía tenía algas pegadas en los pies. Mi mamá encontró un hospital que yo sentí era gigante, pero habré visto no más de cinco personas. Le dijo a mi hermano que se quedara conmigo para asegurarse que usaran jeringas nuevas y ella desapareció no sé a dónde.
Usaron una jeringa nueva, dos para ser más exacta. Me inyectaron no sé qué, sin presencia de un adulto y sin consentimiento alguno. Le informaron a mi mamá que lo más probable era que me había mordido un pez sapo. Mi mamá me sacó en brazos de ese hospital desierto y fuimos a almorzar con mi papá. Toda esa aventura en una sola mañana. Me quedó una pequeña cicatriz, que se ha disminuido con los años, pero sigue ahí como recuerdo. Así fue como me marcó el pez sapo de Falcón.
-Vita Armador
Monday, December 29, 2014
Gritos en la oscuridad
Tenía todo el día sintiéndome extraña. Ese sentimiento que nace en la panza, se aprieta en el pecho y te paraliza en la garganta. Sentía que algo andaba mal, pero no estaba segura de qué. Salí de la oficina para terminar de trabajar desde la casa. Tenía demasiados papeles que revisar y no quería quedarme en la oficina hasta tarde. Mientras manejaba sentía que alguien me estaba siguiendo, pero siempre que revisaba el retrovisor, la calle estaba desierta. Marcos estaba de viaje, y los chamos estaban con su abuela. Me estacioné justo cuando empezó a lloviznar. Corrí hasta la puerta y me di cuenta que no tenía la llave pasada. Nunca dejo la casa sin pasar la llave, pero supongo que esta mañana se me olvidó.
Quería meterme a bañar y pasar un rato relajada sin pensar en nada. Abrí el agua caliente y fui a la cocina a servirme una copa de vino. Habían anunciado que venía una tormenta y la llovizna ahora se había convertido en un aguacero. Fui a cerrar la ventana, que no sé por qué estaba abierta, y me di cuenta que las matas no estaban como las había dejado esa mañana. Empecé a preocuparme otra vez, pero decidí mantener la calma. Con la lluvia tan fuerte, lo más razonable y seguro era quedarme en casa.
Me metí a bañar y fácilmente me quedé dormida. Me desperté con un sonido fuerte, pero no supe si fue dentro o fuera de la casa. Seguía tratando de despertar completamente cuando las luces empezaron a titilar y acto seguido todo estaba oscuro. El corazón me empezó a latir fuerte y rápidamente, y me congelé en el agua tibia. El ruido de la lluvia era ensordecedor, al punto que casi sentía silencio. La oscuridad era absoluta al igual que mi pánico. Escuché como se abría la puerta del frente y sin darme cuenta empecé a llorar. Quería pasarle seguro a la puerta del baño, pero no me atrevía a salir de la bañera. Oí pasos que se acercaban, eran lentos pero firmes. Me mantuve lo más inmóvil que pude con la mirada fija en nada en particular cuando la perilla comenzó a girar lentamente. No supe qué hacer si no gritar a todo pulmón.
Me desperté gritando y sudando frío. Marcos estaba a mi lado tratando de calmarme. Tengo que admitir que es la peor pesadilla que he tenido en mi vida.
-Vita Armador
Quería meterme a bañar y pasar un rato relajada sin pensar en nada. Abrí el agua caliente y fui a la cocina a servirme una copa de vino. Habían anunciado que venía una tormenta y la llovizna ahora se había convertido en un aguacero. Fui a cerrar la ventana, que no sé por qué estaba abierta, y me di cuenta que las matas no estaban como las había dejado esa mañana. Empecé a preocuparme otra vez, pero decidí mantener la calma. Con la lluvia tan fuerte, lo más razonable y seguro era quedarme en casa.
Me metí a bañar y fácilmente me quedé dormida. Me desperté con un sonido fuerte, pero no supe si fue dentro o fuera de la casa. Seguía tratando de despertar completamente cuando las luces empezaron a titilar y acto seguido todo estaba oscuro. El corazón me empezó a latir fuerte y rápidamente, y me congelé en el agua tibia. El ruido de la lluvia era ensordecedor, al punto que casi sentía silencio. La oscuridad era absoluta al igual que mi pánico. Escuché como se abría la puerta del frente y sin darme cuenta empecé a llorar. Quería pasarle seguro a la puerta del baño, pero no me atrevía a salir de la bañera. Oí pasos que se acercaban, eran lentos pero firmes. Me mantuve lo más inmóvil que pude con la mirada fija en nada en particular cuando la perilla comenzó a girar lentamente. No supe qué hacer si no gritar a todo pulmón.
Me desperté gritando y sudando frío. Marcos estaba a mi lado tratando de calmarme. Tengo que admitir que es la peor pesadilla que he tenido en mi vida.
-Vita Armador
Saturday, December 27, 2014
Colonial y mundial
La casa de mis sueños en un poquito de todo. Me he enamorado de tantas culturas y tantos estilos en mis viajes, que he hecho un dibujo mental de lo que sería mi aposento ideal. La estructura en sí, es estilo colonial, con grandes puertas de madera, loza color ladrillo y un jardín central. No estoy segura si está en el campo o en la ciudad, pues dependiendo del día, me la imagino con alrededores diferentes.
Al entrar por las hermosas y pesadas puertas de madera te encuentras un mesón con un porrón para las llaves. Es el mismo mesón y el mismo porrón de mi infancia, y están ahí porque siempre los amé. Más allá del mesón está el jardín en todo el medio, con unos tres o cuatro chinchorros. En el centro del jardín hay algo similar a una fuente, pero en verdad es un antiguo reloj griego. Va drenando durante el día, y el nivel de agua va marcando la hora. Lo descubrí paseando entre ruinas en Atenas.
A ambos lados del jardín se encuentran dos habitaciones. Ambas son muy simples y minimalistas. Esa simplicidad la adopté en el norte de Tailandia. No he decidido si los cuartos tienen cama o no, pero definitivamente tienen chinchorros. Directamente opuesto a la entrada está la cocina. Es amplia y abierta, con ventanas inmensas. A la derecha está el comedor, con la mesa siempre puesta como me enseñó mi mamá. A la izquierda está un cuarto de té, inspirado por los salones turcos que me hechizaron en Estambul. Hermosas lámparas y cojines coloridos decoran el cuarto de té, dándole una vibra alegre y serena.
Pensándolo bien, lo más probable es que esta casa está ubicada en la playa, de manera que esas ventanas de la cocina, permiten la hermosa vista del imponente mar Caribe. Recuerdo lo divino que era despertarse con vista al mar en Vilanova, y esa delicia no la cambio por nada. Esta casa me la imagino habitada por unos cuantos humanos y seguramente dos o tres perros.
-Vita Armador
Al entrar por las hermosas y pesadas puertas de madera te encuentras un mesón con un porrón para las llaves. Es el mismo mesón y el mismo porrón de mi infancia, y están ahí porque siempre los amé. Más allá del mesón está el jardín en todo el medio, con unos tres o cuatro chinchorros. En el centro del jardín hay algo similar a una fuente, pero en verdad es un antiguo reloj griego. Va drenando durante el día, y el nivel de agua va marcando la hora. Lo descubrí paseando entre ruinas en Atenas.
A ambos lados del jardín se encuentran dos habitaciones. Ambas son muy simples y minimalistas. Esa simplicidad la adopté en el norte de Tailandia. No he decidido si los cuartos tienen cama o no, pero definitivamente tienen chinchorros. Directamente opuesto a la entrada está la cocina. Es amplia y abierta, con ventanas inmensas. A la derecha está el comedor, con la mesa siempre puesta como me enseñó mi mamá. A la izquierda está un cuarto de té, inspirado por los salones turcos que me hechizaron en Estambul. Hermosas lámparas y cojines coloridos decoran el cuarto de té, dándole una vibra alegre y serena.
Pensándolo bien, lo más probable es que esta casa está ubicada en la playa, de manera que esas ventanas de la cocina, permiten la hermosa vista del imponente mar Caribe. Recuerdo lo divino que era despertarse con vista al mar en Vilanova, y esa delicia no la cambio por nada. Esta casa me la imagino habitada por unos cuantos humanos y seguramente dos o tres perros.
-Vita Armador
Mi prima la modelo
Mi prima empezó a modelar a los 15 años. Típico cuento, la descubrieron en un café cuando andaba con unas amigas. Sus piernas largas siempre llamaban la atención, y sus rulos catires eran intrigantemente particulares. Ella nunca había pensado en modelar, pero la oportunidad se presentó y ella voló. Empezó local, después nacional y antes de los 18, ya le había dado la vuelta al mundo un par de veces.
Es difícil mantenerse encarrilado cuando te exponen a esa vida desde tan temprana edad, pero a ella le gustaba esa vida, le gustaba el estilo y le gustaba el dinero. Tomó unas cuantas decisiones cuestionables, pero la verdad es que no hablamos mucho de esa época. Se le nota en la cara lo mucho que le costó. Esos diez años de modelaje ahora le pesan como veinte.
El modelaje para ella no fue solo el glamour de la pasarela. Fue el estrés de la dieta constante, la tentación de las drogas, la sucia competencia. Ese círculo vicioso de todos los factores. El vicio y la crueldad fueron más de lo que ella pudo soportar. A los 25 se despertó en un hospital de París con una mezcla de sustancias en el sistema que casi le destrozaron la vida. En ese entonces yo estaba trabajando en Francia y desperté con la llamada de emergencia en la madrugada.
Estuve con ella hasta que le dieron de alta. Hablamos más que todo de nuestra infancia. Teníamos tantas memorias compartidas, que era difícil creer que ahora casi ni nos conocíamos. Supongo que conmigo recordó su pasado, su origen, sus verdades. Se dio cuenta de que había tocado fondo y que era hora de cambiar su rumbo. Por fin se volvió a poner en contacto con el resto de la familia. Tenía más de dos años que no hablaba con su mamá.
Han pasado ya tres años desde nuestras charlas en aquel hospital parisino. Esa experiencia nos marcó a las dos y fue el comienzo de una nueva relación. La pasarela y el modelaje quedaron atrás para mi prima y ahora está enfocada en terminar la universidad. De su parte no hay arrepentimientos, dice que esa es la vida que escogió y afortunadamente a tiempo, es la vida que reparó.
-Vita Armador
Es difícil mantenerse encarrilado cuando te exponen a esa vida desde tan temprana edad, pero a ella le gustaba esa vida, le gustaba el estilo y le gustaba el dinero. Tomó unas cuantas decisiones cuestionables, pero la verdad es que no hablamos mucho de esa época. Se le nota en la cara lo mucho que le costó. Esos diez años de modelaje ahora le pesan como veinte.
El modelaje para ella no fue solo el glamour de la pasarela. Fue el estrés de la dieta constante, la tentación de las drogas, la sucia competencia. Ese círculo vicioso de todos los factores. El vicio y la crueldad fueron más de lo que ella pudo soportar. A los 25 se despertó en un hospital de París con una mezcla de sustancias en el sistema que casi le destrozaron la vida. En ese entonces yo estaba trabajando en Francia y desperté con la llamada de emergencia en la madrugada.
Estuve con ella hasta que le dieron de alta. Hablamos más que todo de nuestra infancia. Teníamos tantas memorias compartidas, que era difícil creer que ahora casi ni nos conocíamos. Supongo que conmigo recordó su pasado, su origen, sus verdades. Se dio cuenta de que había tocado fondo y que era hora de cambiar su rumbo. Por fin se volvió a poner en contacto con el resto de la familia. Tenía más de dos años que no hablaba con su mamá.
Han pasado ya tres años desde nuestras charlas en aquel hospital parisino. Esa experiencia nos marcó a las dos y fue el comienzo de una nueva relación. La pasarela y el modelaje quedaron atrás para mi prima y ahora está enfocada en terminar la universidad. De su parte no hay arrepentimientos, dice que esa es la vida que escogió y afortunadamente a tiempo, es la vida que reparó.
-Vita Armador
Tuesday, December 23, 2014
Burbujas y Besos
No sé por qué estábamos en esa tienda. Era una boutique súper cuchi de ropa infantil hermosamente cara. El tipo de sitio donde un conjuntito podía costar fácil más de cien dólares. Siempre me pareció que la tienda estaba ubicada en el pueblo equivocado. Era el tipo de tienda que necesitaba existir en Beverly Hills, no en el centro del estado de Washington. La ropa era fina, de marca, exclusiva y cara. No tenía sentido en Kennewick.
En ese entonces yo tenía quince años y no recuerdo haber tenido ningún infante en mi vida, mucho menos uno por el cual iba a gastar ese tipo de plata. Mi madre y yo andábamos curucuteando, quién sabe con qué propósito, ya que dudo mucho que teníamos planeado comprar algo. Es costumbre en mi vida que los extraños me hablen sin provocación alguna, y así, la dueña entabló conversación y terminó ofreciéndome un trabajo. No sé por qué, pero a mi muchas cosas en la vida me pasan así, y he aprendido que es infinitamente divertido cuando a la vida le sigo la corriente.
Trabajé en esa tiendita unas cuantas horas a la semana por casi dos años, mientras estudiaba los primeros años de la universidad. Aparte de vender ropa, organizábamos fiestas de cumpleaños para niñas. Los grupitos venían y pasaban la tarde con nosotras. Las peinábamos, les hacíamos las uñas, se disfrazaban y en general gozaban bastante. Yo siempre he disfrutado trabajar con niños, así que esa parte del trabajo me gustaba más que vender ropa, pero la verdad es que todo era divertido.
Aprendí mucho en "Bubble Kisses," principalmente que prefería mil veces hacer inventario y sumar cosas en hojas de cálculo que lidiar con mamás y clientes. Es mi naturaleza antisocial y mi amor por la matemática. Hasta el sol de hoy prefiero estar metida en alguna alacena contando cajas de azúcar, que prestar servicio al cliente. A veces existir con gente es agotador, pero nunca me canso de existir con números.
-Vita Armador
En ese entonces yo tenía quince años y no recuerdo haber tenido ningún infante en mi vida, mucho menos uno por el cual iba a gastar ese tipo de plata. Mi madre y yo andábamos curucuteando, quién sabe con qué propósito, ya que dudo mucho que teníamos planeado comprar algo. Es costumbre en mi vida que los extraños me hablen sin provocación alguna, y así, la dueña entabló conversación y terminó ofreciéndome un trabajo. No sé por qué, pero a mi muchas cosas en la vida me pasan así, y he aprendido que es infinitamente divertido cuando a la vida le sigo la corriente.
Trabajé en esa tiendita unas cuantas horas a la semana por casi dos años, mientras estudiaba los primeros años de la universidad. Aparte de vender ropa, organizábamos fiestas de cumpleaños para niñas. Los grupitos venían y pasaban la tarde con nosotras. Las peinábamos, les hacíamos las uñas, se disfrazaban y en general gozaban bastante. Yo siempre he disfrutado trabajar con niños, así que esa parte del trabajo me gustaba más que vender ropa, pero la verdad es que todo era divertido.
Aprendí mucho en "Bubble Kisses," principalmente que prefería mil veces hacer inventario y sumar cosas en hojas de cálculo que lidiar con mamás y clientes. Es mi naturaleza antisocial y mi amor por la matemática. Hasta el sol de hoy prefiero estar metida en alguna alacena contando cajas de azúcar, que prestar servicio al cliente. A veces existir con gente es agotador, pero nunca me canso de existir con números.
-Vita Armador
Sunday, December 21, 2014
Los Cuentos de Sofía
Sofía es una chica muy difícil. Intolerante y pesimista, rara vez le salen las cosas bien. Tiende a ver lo negativo de toda situación y suele empezar sus mañanas mirándose en el espejo y diciendo: "Seguro que algo malo pasará hoy." No hay mucho que se puede esperar del día, cuando esa es la mentalidad inicial. Su negatividad atrae negatividad, y Sofía siempre espera que alguien más le resuelva sus problemas. Alguien más debe ser responsable. Alguien más tiene que acudir al rescate.
Sofía se acaba de mudar a una nueva ciudad y esta buscando trabajo y apartamento desesperadamente. Se enfoca en apartamentos en los cuales le encantaría vivir pero que están indudablemente fuera de su alcance económico. Cada vez que sale de un apartamento que le gusta pero no puede pagar, maldice su mala fortuna. Ya no sabe que hacer, pues su sueño de ser rica sin tener que trabajar cada vez parece menos probable.
Hoy buscó trabajo y casa sin éxito alguno, y ahora está sentada en la acera llorando por pura malcriadez. Piensa en lo feo del tiempo, en lo sucia que es la ciudad y en lo fastidiosa que es la gente cada vez que le preguntan si está bien. Está mirando las nubes, pensando en cómo hacer realidad su sueño sin esfuerzo, cuando de repente una anciana se tropieza con ella y se le cae encima. La viejita, que venía con sus compras ha caído sobre Sofía que esta atravesada en todo el medio del camino. Una manzana rodó y fue seguidamente estripada por un carro. Sofía en vez de ayudar a la señora, rompe en llanto de nuevo y piensa en la trágica mala suerte que tiene.
-Vita Armador
Sofía se acaba de mudar a una nueva ciudad y esta buscando trabajo y apartamento desesperadamente. Se enfoca en apartamentos en los cuales le encantaría vivir pero que están indudablemente fuera de su alcance económico. Cada vez que sale de un apartamento que le gusta pero no puede pagar, maldice su mala fortuna. Ya no sabe que hacer, pues su sueño de ser rica sin tener que trabajar cada vez parece menos probable.
Hoy buscó trabajo y casa sin éxito alguno, y ahora está sentada en la acera llorando por pura malcriadez. Piensa en lo feo del tiempo, en lo sucia que es la ciudad y en lo fastidiosa que es la gente cada vez que le preguntan si está bien. Está mirando las nubes, pensando en cómo hacer realidad su sueño sin esfuerzo, cuando de repente una anciana se tropieza con ella y se le cae encima. La viejita, que venía con sus compras ha caído sobre Sofía que esta atravesada en todo el medio del camino. Una manzana rodó y fue seguidamente estripada por un carro. Sofía en vez de ayudar a la señora, rompe en llanto de nuevo y piensa en la trágica mala suerte que tiene.
-Vita Armador
Saturday, December 20, 2014
Un jueves poco normal
Amo el aroma del café, y pasar las tardes leyendo un libro en el café de la esquina de mi casa es una de mis actividades favoritas. Cuando me sobra un poquito el tiempo, bajo los tres pisos desde mi apartamento, camino bajo los árboles, y en cinco minutos estoy café en mano envuelta en alguna historia de mis libros amados.
Era jueves y me habían pospuesto dos reuniones, así que tenía el día entero libre. Desayuné en casa y luego bajé al café a leer un rato y a observar el movimiento de la gente en Seattle. Era un día de verano, soleado y caliente. Clima extraño para esta ciudad, pero siempre bienvenido. Mi mesita usual en la terraza estaba libre, así que tomé asiento y me olvidé del mundo. Regresé al darme cuenta que me había tomado la última gota de café, y cuando levanté la vista me encontré a Bill Gates sentado en la mesita de enfrente.
Él no estaba consciente que nadie lo estaba viendo, y tenía cara de nervioso. De repente me di cuenta que había un vaso acostado en la mesa y que se le había botado la limonada encima. Levantó la vista y conectamos miradas y leí en sus ojos desesperación. Bill Gates tenía todo el frente de los pantalones mojados y obviamente no sabía como salirse de esa. El local se estaba llenando y no iba a pasar mucho tiempo antes de que alguien lo reconociera y le pidiera una foto. Yo sabía que esa era su mayor preocupación.
Los dos nos dimos cuenta de que dos chamos se estaban acercando y sabíamos cual iba a ser el resultado. No podía permitir que Bill Gates pasara la pena de tener una foto en internet después de su pequeño accidente, así que intercepté a los dos muchachos, le di a Gates mi chaqueta y le dije que me siguiera. Sin hacer contacto visual con nadie, atravesamos el café y salimos sin hacerle caso a las muchas personas que llamaban su nombre y pedían fotos.
Lo acompañé hasta su carro y me agradeció repetidamente. Le dije que era todo un placer servirle de escolta. El arrancó y se fue, y yo seguí caminando, pensando en lo divertida que había sido mi mañana inusual.
-Vita Armador
Era jueves y me habían pospuesto dos reuniones, así que tenía el día entero libre. Desayuné en casa y luego bajé al café a leer un rato y a observar el movimiento de la gente en Seattle. Era un día de verano, soleado y caliente. Clima extraño para esta ciudad, pero siempre bienvenido. Mi mesita usual en la terraza estaba libre, así que tomé asiento y me olvidé del mundo. Regresé al darme cuenta que me había tomado la última gota de café, y cuando levanté la vista me encontré a Bill Gates sentado en la mesita de enfrente.
Él no estaba consciente que nadie lo estaba viendo, y tenía cara de nervioso. De repente me di cuenta que había un vaso acostado en la mesa y que se le había botado la limonada encima. Levantó la vista y conectamos miradas y leí en sus ojos desesperación. Bill Gates tenía todo el frente de los pantalones mojados y obviamente no sabía como salirse de esa. El local se estaba llenando y no iba a pasar mucho tiempo antes de que alguien lo reconociera y le pidiera una foto. Yo sabía que esa era su mayor preocupación.
Los dos nos dimos cuenta de que dos chamos se estaban acercando y sabíamos cual iba a ser el resultado. No podía permitir que Bill Gates pasara la pena de tener una foto en internet después de su pequeño accidente, así que intercepté a los dos muchachos, le di a Gates mi chaqueta y le dije que me siguiera. Sin hacer contacto visual con nadie, atravesamos el café y salimos sin hacerle caso a las muchas personas que llamaban su nombre y pedían fotos.
Lo acompañé hasta su carro y me agradeció repetidamente. Le dije que era todo un placer servirle de escolta. El arrancó y se fue, y yo seguí caminando, pensando en lo divertida que había sido mi mañana inusual.
-Vita Armador
19 Días y 500 Noches
Tenían razón, mis amantes en eso de que antes, la
mala era yo. Pero esta vez era diferente, me enamoré rápido y sin previo aviso,
y me encontré con lágrimas en los ojos cuando se despidió desde el taxi y me
lanzó dos besos, uno por mejilla. Regresé al apartamento que hasta ese día
compartimos y me paré en el medio de la sala a llorar. Nada ahí era mío, todo
era nuestro.
Mis amigas entraron en "modo
recuperación." Yo estaba completamente por el piso, pero ellas no iban a
permitir que entrara en un despecho permanente. Me obligaron a enfocarme en mi
trabajo, pasatiempos y los ocasionales bares de copas. Todo eso ayudó y debo
admitir que el esfuerzo de mis chicas fue admirable, pero las noches eran lo
peor. Sentí que él me había abandonado como se abandonan los zapatos viejos, y
no dormí del todo por el primer mes. Teníamos tantas rutinas, rituales y
costumbres de noche que ahora me sentía totalmente perdida sin él, sin su
presencia, sin su compañía.
Era extraño sentirme así. Por lo general mis
relaciones duraban lo mismo que duran dos peces de hielo en un whisky on the
rocks. Yo era la que se iba en el taxi. Yo era la que abandonaba al tipo a la
maldición del cajón sin mi ropa. Esto era territorio nuevo, y no sabía qué
hacer. Poco a poco los días se hicieron más fáciles, más manejables, pero las
distracciones que trae consigo el sol están ausentes en la noche. Esas noches
cuando recuerdo lo mucho que lo quería. Es más, tanto lo quería, que tardé en
aprender a olvidarlo diecinueve días y quinientas noches.
-Vita
Armador
Nota: Inspirado
por la canción de Joaquín Sabina “19 días y 500 noches” – Escúchenla
Thursday, December 18, 2014
Playa entonces, después y ahora...
Soy del trópico y me crié sin estaciones. Me crié con sol y más sol, seguido por lluvia y más lluvia. Amo el verano porque significa playa y calor. Cada vez que siento calor y humedad me siento en casa. Verano para mi es piel tostada y arena entre los dedos. Siento que de pequeña me la pasaba en la playa, pero la verdad no sé cuán frecuentes eran nuestros paseos.
De chiquita, la playa constituía de protector solar en los ojos, de tragar agua de mar, de comer sandwiches de jamón, queso y arena. No recuerdo específicamente que hacíamos todo el día, pero era fantástico. De grande, la playa constituye de ron con Coca-Cola en un vaso de café para viajar, de música proveniente de la parte de atrás de una camioneta, de baldes de ostras, de conversaciones y fiestas improvisadas con el grupo de al lado, de quedarse dormido al sol por una mezcla de cansancio y alcohol. Presentemente me siento en el polo norte, y playa por estos lares constituye de siete abrigos y arena gris, de agua helada pero no congelada, y de prontos regresos al interior de algún sitio con calefacción.
Me adapto fácilmente, pero la razón por la que sé cual es mi estación favorita es porque cuando vivo el invierno extraño el verano, mas jamás he pensado "como extraño la nieve!" mientras me bronceo en la playa. Toda estación tiene sus encantos, pero para mi, nada le llega ni por las medias al verano, y específicamente al sol del verano de mi tierra y del Caribe.
-Vita Armador
De chiquita, la playa constituía de protector solar en los ojos, de tragar agua de mar, de comer sandwiches de jamón, queso y arena. No recuerdo específicamente que hacíamos todo el día, pero era fantástico. De grande, la playa constituye de ron con Coca-Cola en un vaso de café para viajar, de música proveniente de la parte de atrás de una camioneta, de baldes de ostras, de conversaciones y fiestas improvisadas con el grupo de al lado, de quedarse dormido al sol por una mezcla de cansancio y alcohol. Presentemente me siento en el polo norte, y playa por estos lares constituye de siete abrigos y arena gris, de agua helada pero no congelada, y de prontos regresos al interior de algún sitio con calefacción.
Me adapto fácilmente, pero la razón por la que sé cual es mi estación favorita es porque cuando vivo el invierno extraño el verano, mas jamás he pensado "como extraño la nieve!" mientras me bronceo en la playa. Toda estación tiene sus encantos, pero para mi, nada le llega ni por las medias al verano, y específicamente al sol del verano de mi tierra y del Caribe.
-Vita Armador
Wednesday, December 17, 2014
La espera
Estoy parada frente a la ventana de mi cocina y no puedo dejar de sonreír. Estoy tan emocionada que se me olvida hacer todo lo que tengo que hacer. Tengo toda la mañana en esto. He calentado el café tres veces porque se me sigue olvidando y lo encuentro abandonado en sitios extraños de la casa. Tengo mariposas en el estómago y por mucho que trato concentrarme, se me hace imposible no pensar en su llegada.
Tenemos cinco meses sin vernos y eso por fin termina hoy. Estoy nerviosa. Fui a pasar la ropa a la secadora y encontré el café encima de la lavadora. Fui a calentarlo de nuevo pero me distraje, lo solté en el camino, y regresé a la ventana de la cocina. Todavía faltan más o menos siete horas para que llegue, pero sigo buscando su rostro a través de la ventana. Probablemente haré eso todo el día. Las mariposas no dejan de multiplicarse.
Hay trapos por doquier porque intenté limpiar. Hay ropa tirada por todo el cuarto porque no encuentro que ponerme. Hay catorce libros de recetas abiertos en la cocina porque no sé que preparar. Logro hacer el "paso uno" de toda actividad y rápidamente convierto el "paso dos" en mirar a través de la ventana, luego me distraigo y me olvido de los pasos restantes.
Nuestra historia es larga, hermosa y complicada. Casualmente empezó todos esos años atrás con una mirada a través de una ventana. No voy a decir que fue amor a primera vista porque no creo en esas cosas, pero al menos fue intriga. Nuestras vidas han estado interconectadas de una manera u otra desde hace más de quince años. Que no nos hayamos visto en casi medio año es difícil de procesar, pero de vez en cuando la vida hace de las suyas y nos deja con pocas opciones. El hecho es que hoy nos veremos y todo regresará a la normalidad.
Está empezando a llover y siguen las mariposas en mi panza. Me siento como una colegiala. Detallo la ventana y me doy cuenta que necesito limpiarla, al igual que el resto de la casa. Necesito hacer eso y necesito escoger una receta. Creo que haré el pollo ese que tanto le gusta.
De repente siento que alguien me toca el hombro repetidamente. Volteo y veo a la enfermera. Suficiente soñar por hoy, es hora del baño y de la cena en grupo. A lo mejor mañana me dedicaré a soñar sobre lo que pasó cuando por fin volvió. Pero eso se me hará más difícil de imaginar pues la anticipación sucedió, mas él nunca regresó.
-Vita Armador
Tenemos cinco meses sin vernos y eso por fin termina hoy. Estoy nerviosa. Fui a pasar la ropa a la secadora y encontré el café encima de la lavadora. Fui a calentarlo de nuevo pero me distraje, lo solté en el camino, y regresé a la ventana de la cocina. Todavía faltan más o menos siete horas para que llegue, pero sigo buscando su rostro a través de la ventana. Probablemente haré eso todo el día. Las mariposas no dejan de multiplicarse.
Hay trapos por doquier porque intenté limpiar. Hay ropa tirada por todo el cuarto porque no encuentro que ponerme. Hay catorce libros de recetas abiertos en la cocina porque no sé que preparar. Logro hacer el "paso uno" de toda actividad y rápidamente convierto el "paso dos" en mirar a través de la ventana, luego me distraigo y me olvido de los pasos restantes.
Nuestra historia es larga, hermosa y complicada. Casualmente empezó todos esos años atrás con una mirada a través de una ventana. No voy a decir que fue amor a primera vista porque no creo en esas cosas, pero al menos fue intriga. Nuestras vidas han estado interconectadas de una manera u otra desde hace más de quince años. Que no nos hayamos visto en casi medio año es difícil de procesar, pero de vez en cuando la vida hace de las suyas y nos deja con pocas opciones. El hecho es que hoy nos veremos y todo regresará a la normalidad.
Está empezando a llover y siguen las mariposas en mi panza. Me siento como una colegiala. Detallo la ventana y me doy cuenta que necesito limpiarla, al igual que el resto de la casa. Necesito hacer eso y necesito escoger una receta. Creo que haré el pollo ese que tanto le gusta.
De repente siento que alguien me toca el hombro repetidamente. Volteo y veo a la enfermera. Suficiente soñar por hoy, es hora del baño y de la cena en grupo. A lo mejor mañana me dedicaré a soñar sobre lo que pasó cuando por fin volvió. Pero eso se me hará más difícil de imaginar pues la anticipación sucedió, mas él nunca regresó.
-Vita Armador
Archiveros en mis cachetes
Se me vació la mente. Como me suele suceder, mientras más trataba de acordarme de algo, más se alejaba la idea. Pensaría uno que la niña nunca había soñado un solo sueño en su vida. Sé que he tenido sueños y también he tenido pesadillas, pero me podrías ofrecer un millón de dólares y no podría contarte ni uno de ellos.
En serio busqué. Busqué en ese almacén que es mi cabeza y no encontré nada. Mi cabeza me la imagino llena de archivos y archiveros. Busqué en los archiveros que supongo hay detrás de mis orejas y también encima de ese huequito donde empieza la nuca. No había nada tampoco en los archiveros debajo de mi pelo, ni en los que llenan mi cachetes.
Es desafortunado, pues me imagino que he soñado buenas historias. Pero cuando el archivo se pierde, no lo puedes forzar a reaparecer. Él solo saldrá a la luz de la forma menos esperada, probablemente en un par de meses, sentada en clase, y sonreiré porque el sueño reaparecerá para ser contado.
Así tal cual nace un cuento de archiveros en mis cachetes y sinceramente me satisface igual. Lo divertido es escribir sin la seguridad de siempre saber lo que voy a producir.
-Vita Armador
En serio busqué. Busqué en ese almacén que es mi cabeza y no encontré nada. Mi cabeza me la imagino llena de archivos y archiveros. Busqué en los archiveros que supongo hay detrás de mis orejas y también encima de ese huequito donde empieza la nuca. No había nada tampoco en los archiveros debajo de mi pelo, ni en los que llenan mi cachetes.
Es desafortunado, pues me imagino que he soñado buenas historias. Pero cuando el archivo se pierde, no lo puedes forzar a reaparecer. Él solo saldrá a la luz de la forma menos esperada, probablemente en un par de meses, sentada en clase, y sonreiré porque el sueño reaparecerá para ser contado.
Así tal cual nace un cuento de archiveros en mis cachetes y sinceramente me satisface igual. Lo divertido es escribir sin la seguridad de siempre saber lo que voy a producir.
-Vita Armador
Tuesday, December 16, 2014
Carmencita
Carmen siempre había sido coqueta, desde chiquita. Casi que nació viéndose en el espejo. Desde pequeña le gustaba usar la ropa de su mamá, andar con sus tacones por la casa, y cubrirse la cara de maquillaje. Tenía el pelo largo y era catira como su hermana. Su madre le enseñó desde chiquita que tenía que cuidarse y mantener su apariencia, pues si no, nunca encontraría un esposo. Había participado en mas de cien concursos de belleza antes de cumplir los diez años. Era su destino, eso decía su madre. En su adolescencia empezó a apreciar el fútbol, pero "eso no es de mujeres" le repetía su madre, al punto que abandonó el deporte para dedicarse a su "destino." Continuó con los desfiles y los tacones y el maquillaje, mientras tras bastidores se aburría de lo lindo. Llegó a odiar esa cultura superflua, llena de pintura y pretensión, de caras falsas y personalidades inexistentes. Su madre insistía en que ese era su destino y Carmen no encontraba alternativa.
Se imaginaba un mundo paralelo, donde podía usar zapatos de goma todos los días y jugar fútbol después de clases. Un mundo donde su apariencia natural era suficiente y no tenía que pasar horas frente al espejo. En este mundo, Carmen era libre como el viento, podía escoger sus pasatiempos y escoger su propio destino. Pero lamentablemente, estos sueños siempre le quedaban muy lejos, interrumpidos por un "te toca en cinco minutos," y así sabía Carmen que su destino era el presente, lleno de tacones y desfiles y tristeza y añoranza.
-Vita Armador
Se imaginaba un mundo paralelo, donde podía usar zapatos de goma todos los días y jugar fútbol después de clases. Un mundo donde su apariencia natural era suficiente y no tenía que pasar horas frente al espejo. En este mundo, Carmen era libre como el viento, podía escoger sus pasatiempos y escoger su propio destino. Pero lamentablemente, estos sueños siempre le quedaban muy lejos, interrumpidos por un "te toca en cinco minutos," y así sabía Carmen que su destino era el presente, lleno de tacones y desfiles y tristeza y añoranza.
-Vita Armador
Subscribe to:
Posts (Atom)