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Wednesday, January 14, 2015

Tú Y No Yo

Me encontraba en la hemeroteca haciendo una investigación para mi próxima publicación. Mis ojos desviaron la vista hacia el artículo contiguo y la foto que ví me dejó estupefacta. Era una foto mía de probablemente unos 18 años de edad; es decir, 40 años atrás. Lo curioso es que era una foto que yo jamás había visto. Las facciones eran idénticas a mis facciones; la única excepción era que en esta foto yo llevaba el pelo corto. Mi intriga crecía en forma desproporcionada ya que yo nunca tuve el pelo corto en mi adolescencia, pero ésa era yo, o si no mi hermana gemela.

Me detuve a leer la nota al pie de la foto y el artículo que la acompañaba para tratar de darle algún sentido a lo que se encontraba en aquél periódico de diciembre de 1975. Para mi estupor leí lo siguiente: "Artemisa Amoupulous, de 19 años de edad fue juzgada a cadena perpetua por su participación en los atentados de Tekeidefanes". El artículo relataba los hechos ocurridos en febrero del mismo año, las graves consecuencias del ataque, y la muerte de Sifros Lattarcuti uno de los autores del crímen. Concluía el artículo: "con la captura de Artemisa Amoupulous se cierra un amargo capítulo de la historia de nuestra hermosa isla."

Inmediatamente llamé a mis contactos con la policia. Necesitaba ayuda para encontrar a Artemisa y saber de sus orígenes. No me fue dificil. Tantas veces que los he ayudado con resultados de mis investigaciones me daban la "prebenda" de que me complacieran con algunos favores. Los resultados fueron que Artemisa había sido liberada después de 35 años de cárcel, pero seguía bajo control policial. Su dirección seguía siendo la isla de Tekeidefanes.

Cerré casa, hablé con mis familiares, mi oficina, hice maletas y tomé un avión en busca de una respuesta. Existe realmente un alter ego? es pura coincidencia? estamos emparentadas?

Del aeropuerto, alquilé una moto y me dirigí de inmediato hacia la dirección ofrecida. Sabía que estaba invadiendo la privacidad de un ciudadano pero la inquietud me mortificaba día y noche desde el día de la hemeroteca. Llegué en menos de 20 minutos ya que la isla es bastante pequeña y allí estaba alguien que podría ser cualquiera en el porche de la descuidada vivienda tomando un café. Haciéndome la loca me bajé y pregunté por una dirección cualquiera. Esta mujer, extremadamente flaca, y bastante envejecida simplemente me dijo: "Si de verdad buscas por una dirección pregúntale a otro, y si quieres saber si soy Artemisa la criminal, la respuesta es si. Estoy acostumbrada al desfile de turistas".

Su respuesta me dejó de una pieza, pero simplemente me hizo el trabajo fácil. Le pregunté si me podia acercar a los peldaños del porche y contestó "Si, ya no pongo bombas como antes, pero tal vez saque un cuchillo y te lo clave en el pecho". Por alguna razón supe que estaba simplemente fanfarroneando. De pronto su cara cambió cuando me empezó a detallar, se fue acercando poco a poco hasta que su cara estuvo prácticamente tocando la mía. Me tocó el rostro y aunque un poco incómodo no sentí miedo. Simplemente murmuró "Dios, era verdad".

36 horas mas tarde recogía mis cosas del hotel mientras las lágrimas rodaban desaforadamente por mis mejillas. Artemisa había nacido el mismo día que yo, en la misma ciudad. Aparentemente los médicos nunca le dijeron a mi mamá que había tenido gemelos. En aquella época no habían los avances de la ciencia para saber cuantos niños una madre podría estar gestando. Curiosamente, mi mamá siempre me dijo que su barriga conmigo había sido bastante grande para lo pequeña que yo fui. El médico cubrió la historia con la excusa de exceso de agua y peso innecesario. Artemisa y yo dedujimos que ella fue robada por el médico que nos trajo al mundo y entregada a unos mafiosos europeos que la educaron bajo la norma del crimen y del terror.

Curiosa como yo, hizo muchas preguntas en su juventud que la hicieron dudar de sus orígenes. Aprendía todo lo que veía y siempre lo hizo a la perfección con la gravedad que sus maestros eran criminales. A los 14 años ya había participado con sus "padres" en varios robos a mano armada. Era temeraria, cosa muy distinta a mi, ya que yo soy mas bien temerosa. A los 19 años se le presentó la oportunidad de un trabajo grande: participaría directamente en un atentado para robar todos los bonos y fondos de la isla. La cosa se les salió de las manos y 32 personas murieron.

Artemisa sufrió mucho en la cárcel porque su padre murió en el robo, y su madre murió un par de años después. Estaba completamente abandonada. Me contó que después de unos años de buen comportamiento, un guardia le regaló una cámara fotográfica, "me gustaba tomar fotografías así fueran de un agujero en la pared o de un vaso en el piso". Se me erizó la piel pensando en cuantas veces yo había tomado fotos de mis botellas de colonia en el piso con una lámpara reflejando la luz en la botella. A medida que hablaba notaba que era mucho mas lo que nos parecíamos de lo que nos diferenciábamos. Nuestras diferencias parecieran haber sido estrictamente circunstanciales.

Sentí una pena en mi alma al conocer a esta pobre mujer que pudo haber tenido una hermosa vida con una hermosa familia como la tuve yo. Esta pena nunca jamás me abandonará. Su frase de despedida cubrirá por siempre mi vida como una bocanada de fuego que te cubre el cuerpo. Con una semi-sonrisa susurró: "Tuviste suerte, pudiste haber sido tú y no yo"

Hansel Y Grethel

Al lado de un bosque muy grande moraban un pobre leñador con sus dos niños y su esposa, quien no era la madre de ellos. El niño se llamaba Hansel y la niña se llamaba Grethel. Tenían muy poco para comer, y cuando una gran hambruna cayó sobre esa región, no podían procurarse el pan de cada día. "¿Qué irá a ser de nosotros? dijo el esposo. ¿Cómo podremos alimentar a nuestros pobres niños, cuando ni siquiera tenemos para nosotros?"

-"Te diré una cosa, esposo"- comentó la mujer con torcido pensamiento, "mañana temprano al amanecer, llevamos a los niños a lo más profundo del bosque, y allí encendemos una fogata para ellos, y les damos un pedacito más de pan, y enseguida nos vamos a trabajar y los dejamos solos. Ellos no encontrarán el camino de regreso a casa, y nos habremos librado de ellos 

Los dos niños escucharon lo que su madrastra le decía a su padre. Grethel lloró amargas lágrimas, pero Hansel le dijo: "No te desanimes, todo se resolverá". A la mañana siguiente la madrastra les dió un pedazo de pan a cada uno y los llevó al bosque para que ayudaran a cortar leña. Hansel y Grethel guardaron el pan bajo el delantal, y mientras caminaban lo iban desmoronando tirándolo sobre el camino para poder encontrar el regreso a casa.  Después se detuvieron a cortar leña y a hacer una fogata. Los padres les dijeron que se quedaran allí que ellos continuarían buscando madera.

Hansel y Grethel se quedaron dormidos y cuando se despertaron estaban completamente abandonados. Con la luz de la luna trataron de seguir el camino a casa, pero no había pan en el camino, los pájaros se habían comido todas las boronas de pan. Perdidos encontraron una casita que parecía hecha de azúcar y pasteles. Adentro vivía una señora muy pobre y buena que amaba a los niños. Les ofreció casa y comida, y les dijo que se podían quedar con ella, que ella los cuidaría como si fueran sus hijos.

Los niños crecieron sanos y fuertes y después de unos diez años, caminando por el pueblo con su nueva mamá, se encontraron con un hombre viejo de largas barbas que pareció reconocerlos. Este se les acercó y les preguntó como se llamaban: "Hansel y Grethel, señor". El hombre se agarró el corazón y cayó de rodillas, pidiéndoles perdón. "Hijos, soy su padre, los abandoné, perdónenme. Ahora tengo muchísimo dinero y pueden tener todo lo que quieran. Regresen a casa".

Los hijos lo miraron, miraron a su nueva mamá quien comenzó a llorar pensando que perdería a sus hijos adoptados, pero Hansel le dijo a su padre: "Lo lamentamos señor. Vivimos con esta señora pobre que ha sido como nuestra mamá. No nos da dinero sino amor, y eso es lo único que necesitamos para ser felices."

Hansel y Grethel tomaron de la mano a su madre y partieron hacia su humilde casa la cual estaba siempre llena de amor y felicidad.





 

Monday, January 12, 2015

Cristales Del Sol

Eran las 12 del día y el sol calentaba mas de la cuenta. A sus 66 años Lance y Harriet se encontraban en frente del jardín producto de la labor que había comenzado 50 años atrás cuando era tan solo unos adolescentes.

Desde pequeños estuvieron intrigados por la historia y por los hilos que el destino tejía, interactuando con los Cristales del Sol frecuentemente y revisando toda la información almacenada por sus ancestros. Mientras tocaban los delicados vidrios recibían la chispa inconfundible de sus antepasados permitiéndoles almacenar toda la data que le había sido traspasado por sus padres, quienes a su vez lo habían recibido de sus predecesores.

El jardín enfrente de ellos era la culminación de este arduo trabajo.

Todo comenzó en el año 2094, mismo año de nacimiento de Lance y Harriet, cuando se reveló el descubrimiento de Mente Sagaz, instrumento que podría almacenar todos los testimonios de quien se sometiera a su proceso de extracción siempre y cuando este proceso se hiciera simultaneamente con un descendiente directo llevando el mismo ADN.

Adrián, de 80 años y en bastante buena salud decidió efectuar el proceso con sus nietos gemelos que acababan de nacer ya que tenía la aprobación de los padres de éstos. Así Lance y Harriet absorbieron en sus cerebros tras el innovador proceso, toda la información de su abuelo, mas papeles y evidencias que Adrián les dió y que  había heredado de su papa y de su tia y abuela paterna.

Ahora en este hermoso jardín, completamente en sincronización con los Cristales del Sol, estaban compiladas las vidas de todos los seres que habían llegado antes que los gemelos y que permitirían a esta unida pareja de hermanos traspasar a su descendencia en forma directa, el aprendizaje ocurrido a través de cientos de siglos.

Sunday, January 11, 2015

5 Minuticos Mas

Alli estabamos mi mama y yo, de medico en medico desde la temprana edad de dos anos. Un asma cronica me limitaba mi pequenita existencia y preocupaba a mi mama al punto que pensaria que me iba a morir. Entre auscultaciones, rayos X, pruebas anti-alergicas, medicinas, y ciertas limitaciones me pase la infancia.

Siempre habia sido muy inquieta y mis juegos favoritos con mis amiguitos vecinos eran "la ere" o "el escondite" que implicaban correr, "frio o caliente" que implicaba brincar de un pequeno muro, saltar cuerda y todo aquello que implicara movimientos explosivos. Sin embargo, el precio a pagar era siempre un ataque de asma que generaba encorvarme para poder respirar, un silbido tan agudo como el de un tren y la preocupacion de todos los que me veian.

A los 8 anos algun medico le dijo a mi mama que la natacion era el mejor ejercicio para mejorar la actividad respiratoria. Esto fue uno de los mejores regalos que ningun medico me haya dado y fue una bendicion para mi. Mi mama me metio en clases de natacion particulares 4 veces a la semana. Como mis clases en el colegio eran manana y tarde, el transporte me llevaba a la piscina al mediodia lunes, miercoles y viernes, y me iba a buscar alli, para regresar al colegio. Nadaba por una hora los dias de semana y por cuatro horas los sabados en la manana. Parte de este horario era compartido con gimnasia artistica lo cual me fascinaba tambien, pero mis horas en el agua eran magicas. Sentia que absorbia el agua a traves de cada uno de mis poros formando un solo elemento y que el cloro penetraba mi piel al punto que 50 anos mas tarde el estar cerca de ese olor producido por el agua clorinada me da una sensacion de felicidad dificil de describir.

Mi mama y sus amigas programaban a menudo visitas a clubes los sabados para pasar el dia con los ninos. Alli estaba yo de primera en entrar al agua y de ultima en salir. Cuando mi mama se acercaba a decirme  que era hora de irnos, yo le decia "5 minuticos mas" y me iba a recorrer el agua absorbiendola intensamente para llevarmela conmigo hasta la proxima vez.

En la playa la situacion era parecida hasta que en unas vacaciones en las hermosas playas de Osma una ola me revolco de tal manera que casi me ahogo. Nadie noto este incidente el cual me provoco una tos para expulsar el agua por casi media hora, Yo tendria unos 12 anos y desde ese dia le otorgue al mar todos mis respetos. Si habian olas, mi simbiosis con el mar estaria llena de cautela y siempre, cuando tenia la oportunidad de escoger entre la playa y la piscina, esta ultima ganaba para mi propia satisfaccion.

Una vez que tuve mis hijos les traspase esa pasion por el agua con acampadas a orillas del mar y clases de natacion desde que eran bebes. En mi decada de los 40 tuve la oportunidad de comprar una casa con una piscina bastante grande. Mis hijos y yo haciamos toda clase de competencias, incluyendo nuestras propias olimpiadas. Durante el verano entrabamos a nadar a las 8 de la noche hasta aproximadamente la una de la manana, saliendo mi esposo a chequearnos de cuando en cuando para asegurarse que no nos habia dormido o ahogado. Hoy por hoy a mis nietos disfrutan el agua como si estuvieran en el propio paraiso y aunque las oportunidades no son muchas, los llevo cuando se puede a la piscina a pasar las mas estupendas de las horas.

El correr se convirtio en mi actividad fisica predilecta una vez que aprendi a controlar el asma al principio del ejercicio; ahora podia hacer lo que de pequena me estuvo siempre limitado. Tambien es una actividad mucho mas practica que la natacion porque solo requiere de  un par de zapatos y de ninguna instalacion especifica, pero cuando alguna lesion me ha sacado de juego, regreso a la piscina, al agua clorinada, y a pasar horas absorbiendo el agua y el cloro a traves de mis poros hasta que me tengo que salir solo porque tengo algun compromiso programado. En ese momento cierro los ojos y escucho a mi mama diciendome "Lizzie, es hora de salir de la piscina"; y dando una ultima vuelta me digo a mi misma "5 minuticos mas".

Saturday, January 10, 2015

La Libertad De Correr En Las Puertas Del Infierno

Después de correr el maratón de Seychelles me permití acercarme a Kenia, lugar exótico en el mundo que siempre habia deseado visitar para hacer un safari. Darrell y Floyd, triatlonistas y amigos míos, habían recorrido toda Africa en bicicleta y la experiencia habia sido maravillosa. Ellos me guiarían para hacer mi soñado safari, el cual implicaba para mi conocer la región y sus imponentes animales, observarlos en su propio territorio en vez de verlos como los he visto en el pasado: encerrados en jaulas de zoológico o atados a cadenas para turismo en Asia. El viaje sería distinto al de los pocos conocidos mios que han viajado a Africa con el único fin de cazar animales, práctica o "deporte" que yo absolutamente desapruebo.

Nos fuimos a Nairobi por cuatro dias y paseamos por los alrededores del lugar. Visitamos a unos amigos corredores lo que nos permitió conocer la historia, cúltura y tradiciones de los Masai. La última actividad de nuestras vacaciones sería mi sueño: un safari a pie sin contratar a ningún grupo turístico. Asi podríamos tener la libertad de proceder a nuestro parecer.

Nos dirigimos al Parque Nacional Puerta del Infierno el cual queda apenas a dos horas de la capital. Una vez en la puerta del parque tomamos la primera y mejor decisión del safari, hacerlo corriendo en las partes que se pudiera y caminando aquellas donde el trote fuera una dificultad. Lo hubiéramos podido hacer en bicicleta pero correr era definitivamente la actividad que mas nos gustaba a todos los de nuestro pequeño grupo.

A medida que nos fuimos adentrando en el parque se me hacía difícil creer lo que mis ojos veian, las columnas de basalto eran tan impresionantes que me sentía en un planeta diferente. Las caminerías por donde podíamos correr me quitaban el aliento y no precisamente por ir rápido. La belleza era absoluta, nada de lo que había experimentado en mi vida.

Estoy acostumbrada a correr y encontrarme ciclistas, corredores, peatones, peatones con coches de bebés, patinetas y carros, pero encontrarme y correr entre jirafas, alces, búfalos, cebras y millones de pájaros fue una experiencia que no cambiaría por nada. Una vez mas, me pregunté el por que de la necesidad del ser húmano de acabar con estas hermosas criaturas para satisfacer un placer sin sentido.

Este viaje a Kenia no solo me dió el placer de visitar el territorio donde se encuentran los corredores mas rápidos del mundo y experimentar el efecto de correr a gran altitud, sino que me reafirmó la obligación que tenemos para con nuestro planeta de preservar la vida de estas especies.

Mi mayor experiencia en medio de este paraíso tropical fue la libertad de correr en las puertas del infierno.

Friday, January 9, 2015

El Pastel De Frutillas

Querido Diario: Esta mañana era la niña mas feliz del mundo pero Tobi se encargó de arruinar mi día.

Después de ayudar a mi mamá en la casa, me puse mi lindo vestido rojo, me arreglé mis bucles y me puse mi lazo preferido que combina muy bien con mi vestido. Salí a buscar a Anita porque queríamos recoger frutillas silvestres para un pastel que mi mamá me iba a a ayudar a hacer para llevarle a los chicos. Nuestro plan era llevarle el pastel sabiendo que no podrían resistirse a la tentación de comérselo. Cuando estuvieran a punto de lanzarse a el, yo les diría que el pastel sería todo de ellos si nos aceptaban en El Club Secreto. Esta vez seguro que nos dejarían entrar.

Cada una tenía una cesta, así que podríamos recoger todas las frutillas que quisiéramos. Mientras recogíamos zarzamoras, mi frutilla favorita, jugábamos y cantábamos. También recogimos fresas y frambuesas. Al final de como una hora, las cestas estaban tan llenas que se nos empezaron a derramar. Contentísimas por nuestra cosecha, decidimos regresar a casa y solo pensábamos que al fin los chicos cederían a dejarnos entrar en su club.

Casi ya al llegar, nos encontramos a Tobi y a Fito. Nos preguntaron qué llevábamos en las cestas y al decirle frutillas se fueron diciéndonos que éramos unas niñas tontas. Al alejarse, Anita les gritó que los tontos eran ellos, y que ahora no le haríamos ningún pastel. Tobi se volteó y preguntó: qué pastel? Anita apurada contestó: Un pastel de frutillas para que nos dejen entrar en El Club Secreto.

Yo quería pegarle a Anita porque había revelado nuestro plan, pero mas fúrica me puse con Tobi quien se tiró al piso a reírse y burlarse de nosotras arruinando mi hermoso día cuando nos dijo: “Acuérdense del cartel que está a la entrada del club: NO SE ACEPTAN MUJERES.”

Te escribo mañana,

Tu Pequeña Lulú

- Urrutia Del Palmar

Thursday, January 8, 2015

Revista de Louvenciennes

Tenía 16 años y me encontraba correteando con mi amiga Claudine por los hermosísimos jardines del château de Louveciennes. Como damiselas de la condesa Du Barry, podíamos hacer lo que nos viniera en gana, teniendo muchísima mas libertad que otras damiselas de otras cortes.

Jeanne, como ella nos permitía llamarla, provenía de familias mundanas, si se quiere plebeyas, y su personalidad era exageradamente franca especialmente cuando no estaba bajo el asedio de la nobleza. Aunque ella sabía comportarse muy bien en la alta sociedad, mostraba desdén por el protocolo de la corte. Con fines meramente políticos, adversarios del rey la montaron en la aristocracia, casándola con el Conde Guillaume Du Berry con el solo propósito de convertirla en amante de Luis XV. 

A nosotras nos fastidiaba inmensamente la política y los chismes de palacio, y Jeanne, diez años mayor que nosotras, nos tenía profundo aprecio y sentía que el tiempo que pasaba con nosotras eran los únicos instantes de sus días donde podía ser quien quería ser.  Cada mañana después del desayuno gritaba: "Paulette, Claudine, hora de aprender cosas importantes". Claudine y yo sabíamos que en vez actuar como asistentes de la corte o de pasar horas aburridas tocando el violín, trabajaríamos en una cantidad de tareas que la Du Barry había aprendido antes de entrar en los mundos del rey y que a las tres nos fascinaba; tareas que ninguna dama que se moviera en los círculos nobiliarios en 1770 soñaría en hacer: peluquería y modas.

Jeanne nos enseñaba una cantidad inconmesurable de peinados, ornamentos y estilos que horrorizaban a la servidumbre la cual era cómplice de nuestras faenas. Igualmente, como la condesa tenía tantos vestidos, nos enseñaba a modificarlos agregándoles mangas y cuellos desproporcionadas, adornos y bordados de extremos contrastes, piedras y artefactos metálicos, diciendo: “si se arruina uno me darán dos nuevos”.

Para exhibir nuestras creaciones, invitábamos a una revista con merienda a los jóvenes insensatos de nuestra alta sociedad. Claudine y yo, con la audacia que nos caracterizaba, desfilábamos con toda clase de artilugios en la cabeza y con emperifollados trajes que para cualquier conservador la bufonada representaría mas bien un circo de paso por la comarca.

Eran tardes veraniegas, en las que entre ponche y ponche, con baguettes y preservas de espárragos, alcachofas, pepinillos y guisantes, nuestros amigos se carcajeaban hasta el cansancio, nos burlábamos del establishment y simplemente disfrutábamos de la libertad de los jardines del château con nuestra “Revista de Louvenciennes”.

Tuesday, January 6, 2015

Paz Invernal

Estaba en el centro de la ciudad en una hermosa mañana de invierno. Los ventanales del edificio donde me encontraba eran amplios y permitían detallar la fascinante arquitectura de los rascacielos.

El azul del cielo era de esos azules límpidos, claros y brillantes, indicando un día seco y frio. Con la excepción del resplandor de la bóveda cerúlea, los colores brillaban por su ausencia. Era esa estación del año donde los marrones dominan el paisaje.

Entre la poca naturaleza que podía observar en medio del concreto, se encontraban una multitud de árboles dormidos con sus hermosas ramas desnudas. Allí estaban ellos, firmes, alineados en las aceras disfrutando su dormitar, esperando tal vez que en un par de meses sus hojas volvieran a crecer para dar inicio a una nueva vida y un nuevo ciclo. La larga fila se perdía de vista, y uno por uno se iban haciendo cada vez mas pequeños a medida que se alejaban de mi punto de referencia.

Algunas de las edificaciones tenían jardineras con plantas, que con su verdor, burlaban el invierno y podrían hacer creer a cualquier transeúnte que la estación era alguna otra permitiendo una frondosa vegetación.

Una gaviota que se encontraba en el sobretecho del primer piso del edificio donde yo estaba, detallaba curiosa de un lado a otro sus alrededores. Otra gaviota estaba sentada en el techo del corredor que iba al edificio contiguo. Otra planeaba en semicírculos a lo lejos. Me hizo recordar que a pocos kilómetros de distancia estaba la bahía que tanto atraía a estas bellas aves. Cuando me alejé del ventanal escuché el canto de los gaviotas y no pude sino sonreir. El canto de los pájaros en general es uno de mis sonidos favoritos, pero entre todos, el de las gaviotas en particular, es mi sonido predilecto.

A pesar del ruido y tráfico de los carros, la escasa pero serena naturaleza transmitía esa tranquilidad, paz y sosiego que solo el invierno inspira en el alma.

- Urrutia Del Palmar

Monday, January 5, 2015

Pastor de Alacranes

Despues del cataclismo del 2575, cuando las incomprensibles temperaturas disasociaron los átomos de hidrógeno, el planeta, además de quedar calcinado en casi su totalidad, perdió el vital líquido que sustentaba la vida tal cual era conocida cinco siglos atrás.

Los pocos seres vivientes de Ogspel encerrados en sus cavernas de arcilla, esperaban que la oscuridad se hiciera dueñas de la atmósfera. Era el único momento de buscar el sustento que les permitiría sobrevivir en ese indómito paraje desértico, rojizo y extremadamente caliente.

Kazai, el ser mas apto de la región salía de caza una vez por semana cuando la temperatura bajaba al punto que no le carbonizara la estructura de la piel. Las criaturas que les daban sustento a los habitantes eran unos escorpiones gigantes que se habían sobredesarrollado en los últimos 500 años.  El líquido de su sistema circulatorio llamado "gjak" era una alternativa al agua que había provisto a los Ogspelienses de la posibilidad de desarrollar una anatomía con las funciones básicas de sobrevivencia. El líquido debía extraerse con el animal vivo, ya que tan pronto moría el animal, su cuerpo se deshidrataba en tan solo dos segundos.

El sistema de caza, el cual era en realidad un sistema de recolección de gjak, era complicado y requería destreza y conocimiento. El método consitía en la emisión de una serie de sonidos que obligaban a los escorpiones a salir de sus guaridas. Luego con unas luces láser desarrolladas con la luz del sol y capturada bajo las cuevas, eran guiados por 10 kilómetros hacia unas piedras lisas que habían sido talladas para esta tarea con unos canales que permitían que el tronco de los escorpiones encajara perfectamente en ellas. Una vez allí, hojillas muy pequeñitas incrustadas en las piedras cortaban longitudinal y sutilmente la piel justo en la protuberancia donde estaba el almacén de gjak el cual se volvería a reproducir en tan solo un día. Un fino tubo extraería el preciado líquido, sería colocado en vasijas de piedra y los escorpiones serían escoltados a sus guaridas.

Kazai y los escorpiones habían desarrollado una simbiosis que traía extremados beneficios a ambas partes. Exceso de gjak en los escorpiones generaría una sobredosis que les causaría su propio envenenamiento y falta de gjak en los Ogspelienses les causaría la muerte. Debido a esta simbiosis, este líder había recibido de su pequeña comunidad el nombre que llevaba. Kazai significaba "pastor de alacranes".

Saturday, January 3, 2015

Educación Tarbesiana

Lizzie estaba familiarizada con las instalaciones. Su hermana ya tenía dos años en el colegio y Lizzie había tenido la oportunidad de  acompañar a sus papás a buscar a su hermana, o ir a misas, actos del día del padre y la madre, o de fin de curso. Sin embargo esta vez, las instalaciones serían también de ella. Con su uniforme, medias y zapatos nuevos allí estaba Lizzie lista para su primer día de clases.

Al sonar el tlmbre, en una fila extremadamente ordenada, subieron las niñas por la escalera principal, una escalera digna de una mansión, con un hermoso reloj de caja al llegar al descanso. La escalera continuaba hacia la derecha e izquierda, rumbos que seguían las pequeñas dependiendo de donde se encontraban sus respectivos salones de clases. La fila de Lizzie giró hacia la izquierda. Una vez en el segundo piso, las alumnas de la clase de Lizzie entraron en el primer salon a la derecha. Era uno de los dos salones de este piso que daba al este; con sus inmensas y hermosas ventanas, la luz de la mañana irradiaba cada uno de los 40 pupitres.

Lizzie estaba bastante avanzada para primer grado. A los seis años Lizzie estaba a nivel de tercer grado; había leido la obra maestra de la literatura española, Don Quijote de la Mancha y sabía dividir. En primer grado las niñas sabían leer lo básico y comenzaban apenas a sumar. Sin embargo ésto no fue en ningún momento, razón alguna para que Lizzie se aburriera en clase. Lizzie era sumamente curiosa y había una multitud de cosas nuevas que la hacían maravillarse día tras día como las clases de francés, de música, de religión, de manualidades, de geografía, los debates de lectura y matemáticas, pasar al pizarrón, los recreos, ir a la hermosa capilla, la gruta de la Inmaculada Concepción en el área de pre-escolar, la pequeña cantina donde se compraba todos los días una galleta forrada en papel metálico brillante de colores cubierta de chocolate, llamada chocolatina. Pero nada, nada la llenaba mas, como la gran cantidad de nuevas amiguitas, caminar por los majestuosos pasillos, y las amadas monjas, que sin saberlo aún, pasarían a formar parte central de su vida; una vida plena de educación Tarbesiana.

Friday, January 2, 2015

Pinpon Le Petit Pompier

A lo largo de su ruta alrededor del lago se encontraba la estación de bomberos número 23. Ese día Zach corría mas lento que de costumbre y estaba mucho mas consciente de sus alrededores. Al pasar por la estación notó algo muy particular. Habían mas de 20 niños pequeños rodeando a cinco bomberos. Los niños parecían hacer todo tipo de preguntas mientras que los bomberos respondían con amables sonrisas en sus rostros. Decidió detenerse para admirar la escena.

Cuantos gatos has salvado? Cuál es el piso mas alto que has llegado en tu escalera? Es el fuego muy caliente? Si me caigo por las escaleras llamo a los bomberos o a la policía? Si me quemo la mano me la pueden enfriar? Las preguntas eran ingenuas y le daban un tono de sencillez al arduo trabajo de estos hombres, el cual a él también le había intrigado mucho cuando era pequeño.

Zach tenía 9 años cuando recibió como primer premio de su clase de francés, un libro titulado Pinpon le petit pompier (Pinpón, el bomberito). La portada tenía un camión rojo con una escalera extendida. Habían tres bomberos en el gráfico: uno al volante, uno atrás del camión y quien Zach suponía era Pinpón, parado al frente en la punta de la escalera con manguera en mano. Zach consideraba su premio mucho mas valioso que una medalla o un trofeo ya que lo podía llevar a todas partes sin lucir vanidoso. Lo leía y releía metiéndose siempre dentro del mundo de Pinpón bajando gatos de los árboles, rescatando mascotas de alcantarillas, y ayudando a ancianos a salir de sus casas cuando un pequeño fuego se prendía en la cocina.

Zach no pudo dejar de sonreir a ver a esa veintena de chiquillos con la misma curiosidad que él tuvo 50 años atrás. Haciendo contacto visual con uno de los bomberos, le hizo un gesto en muestra de gratitud. Gratitud por lo que ellos le inspiraron cuando él era pequeño y gratitud por el coraje y valentía en su trabajo diario. Sabía que el trabajo de los bomberos iba mucho mas allá de salvar gatos y apagar pequeños accidentes caseros de la cocina. 

Pensaba esta vez no en Pinpón, sino en Connor, el bombero que le salvó las piernas cuando éstas quedaron atrapadas entre un macijo de hierros en aquel terrible choque. Sacudió las ideas de la cabeza, apuró el paso y poco a poco se alejó de la estación.

Thursday, January 1, 2015

Un Nuevo Comienzo

Eran las 10 de la noche del sábado y Genevieve se encontraba decorando la mesa. Quería dejar todo listo para el desayuno. Sabía que cuando llegaran después de media noche estarían cansados.

Acababa de planchar su mantel favorito, y extendiéndolo de punta a punta lo colocaba sobre la mesa. El mantel era hermoso, blanco con delicadas margaritas blancas y amarillas. Colocó suavemente, uno por uno, los porta-platos de paja tejidos a mano, cuatro en total; la vajilla blanca con una hermosa franja amarilla alrededor; los cubiertos de plata; las copas y jarras de cristal para el agua y el jugo; las bandejas y cubiertos de servir. Encima de cada plato una fina servilleta amarilla con franjas blancas. Enlazó hermosamente las servilletas con cintas de listas del mismo color. Por último, un precioso y sencillo ramo de flores que combinaban perfectamente con el decorado.

A las 11, con su esposo y sus dos hijos salieron caminando hacia la pequeña iglesia que quedaba a una cuadra de la casa. La noche era clara y fresca e invitaba a disfrutar del aire atrapando cada una de sus moléculas con cada poro de la piel. Los niños llevaban una botellita de agua la cual sería bendita durante la ceremonia. Les fascinaba esta noche, especialmente porque todo estaría a oscuras en la primera parte del rito pascual. Poco a poco, entre lecturas y cantos, celebraciones y campanadas, todo se iba iluminando para dar paso al símbolo de una nueva vida.

Al marchar de vuelta a casa, el corazón iba henchido de felicidad. Genevieve siempre reflexionaba sobre el significado de esta fiesta, su fiesta favorita. Sabía que había cabida en el mundo para las gentes de todos los cultos, por lo que para ella, la Pascua de Resurrección iba mas allá de ser una festividad cristiana; le daba respuesta a la complejidad de nuestra existencia. A pesar de encontrar duras pruebas en el camino, la vida siempre abría las puertas a un nuevo comienzo lleno de esperanza y optimismo. Era su propio dogma de fe.

Tuesday, December 30, 2014

Un Desayuno Sencillo

Acababa de correr 8 kilómetros y aún no había desayunado. Cogí una toronja del recipiente de frutas y saqué dos huevos y una lonja de queso suizo de la nevera. Mientras freía los huevos, cortaba la toronja en cuartos. Le quité la piel. Puse la lonja de queso sobre los huevos medio cocinados y tapé la pequeña sartén de teflón. Sería un desayuno sencillo en un día calmado de vacaciones. Tenía mucha sed y hambre.

Coloqué los huevos cubiertos por el queso derretido en un plato, con la toronja a un lado. En un platico mas pequeño puse un manojo de almendras.

Apenas pinché los huevos con el tenedor, corrió sutilmente en el plato la yema líquida, con ese amarillo que tanto me gusta. Me llevé un trozo de huevo a la boca mientras los hilos de queso jugaban con mi tenedor.  Una vez mas pensé en esa mezcla de colores que tanto me gusta y que me recuerda mi época universitaria porque me vestía mucho con esa combinación, blanco y amarillo. Combinación de huevo frito.

Noté que le faltaba sal a los huevos. Claro, no le había puesto ni una pizca. En el apuro del hambre pensé que el queso le daría el toque de sal que necesitaba, pero el queso suizo es mas bien dulzón. En vez de pararme para coger la sal del mostrador, seguía comiéndome los huevos, saboreando la textura de la yema, de la clara perfectamente cocinada y del chicloso efecto del queso fundido en mi boca. Pensaba repetidamente que la razón para no buscar la sal es porque ésta caería encima del queso en vez de los huevos, y los huevos seguirían sin sal.  Que mas daba, ya no quedaba ni medio huevo.

Calmaría mi sed con la toronja de gajos color rojo rubí, de ahí su nombre. Los gajos eran tan jugosos que se me chorreaba el zumo entre los dedos cuando los separaba y una vez que los mordía, el jugo salía disparado dentro de mi boca en todas direcciones. La acidez de la fruta me hacía fruncir la parte interna de mis cachetes y medio cerrar los ojos mientras me preguntaba de nuevo porqué me encantarán tanto los frutos ácidos.

Por último me comí mi manojo de almendras. Estaban crocantes y escuchaba con atención el sonido crujiente de las almendras que poco a poco eran trituradas por mis molares.

Viendo mi plato ya vacío, tomé una botella de agua para beberla con el afán que tiene alguien que se encuentra por primera vez en frente de una fuente de agua fresca. Estaba a temperatura ambiente como a mi me gusta y mientras corría y humedecía cada rincón de mi boca y mi garganta, yo desaprobaba la enseñanzas de mis clases de ciencia con respecto a que el agua es insabora; para mi es el líquido mas exquisito que existe, tiene sabor a gloria. Las gotas que quedaron afuera en los labios y en el surco nasolabial fueron cautelosamente recogidas con la lengua para completar mi sencillo pero satisfactorio desayuno.

Monday, December 29, 2014

Mi Hermosa Burbuja Infantil

No pude tener una primera infancia mas hermosa. Vivíamos en una avenida residencial muy tranquila, con una isla en el centro llena de árboles.  La estación parecía ser eternamente primaveral, con sus ocasionales y bien anunciadas lluvias.

Mis mañanas empezaban con la ducha, donde era mi papá quien me ayudaba. Después de salir de la regadera me envolvía en una toalla inmensa para calentarme, me embojotaba en la alfombrita del baño y me daba palmaditas en la espalda para calentarme. Mi papá se iba con mis hermanos y los llevaba al colegio. Mi mamá había decidido que yo era muy delicada de salud, y en vez de atender el pre-escolar, tuve desde los cuatro hasta los seis años una tutora particular, la Sra. Maté, quien vivía en el edificio de al lado y me daba clases de 9 a 11 de lunes a jueves. Me enseñaba a leer, escribir y matemáticas. Recuerdo mis clases con claridad. Don Quijote de la Mancha, y sumar, restar, multiplicar, y dividir. La casa de la señora Maté era oscura y los muebles eran pesados y rimbombantes. Recuerdo el arreglo de éstos en la sala y el comedor. También recuerdo con claridad cuando ella entraba en la cocina para traerme unas galleticas en mi recreo privado, donde no hablaba ni jugaba con nadie porque yo era la única alumna. Me comía mis galletas con atención y sin moverme de mi silla.

Después que mi mamá, siempre elegantemente vestida, me buscaba, íbamos de compras al abastos, a la frutería, a la pastelería o a comprar flores. Todo quedaba cerca. Los días los recuerdo soleados, hermosos y cálidos. Aquellos días cuando llovía con intensidad, nos quedábamos en la casa, y yo me sentaba en el balcón a escuchar y ver caer la lluvia cosa que me causaba gran fascinación. Las tardes las pasaba jugando con mis juguetes, o siguiendo a mi mamá por toda la casa. Al final del día cuando llegaban mis hermanos del colegio y mi papá del trabajo nos sentábamos todos juntos para cenar. Era la única parte del día que me fastidiaba un poco ya que no me gustaba comer. A veces, me dejaban sentada por horas hasta que terminara de comer, mientras me pasaba la comida de un lado de la boca al otro y decía “esto tiene rojo, esto tiene verde” separando los pedazos de pimentón o tomate a un lado. En algún momento de la noche, mi mamá se obstinaría de verme allí con un plato lleno de arroz desperdigado para que pareciera menos, y lo rojo y verde en las orillas del plato.

Puedo decir sin que me quede alguna duda que siempre fui feliz. El único momento de tristeza que mi mamá me ha contado pero yo no recuerdo, es cuando murió mi abuelo paterno. Mi papá se ausentó por varios días para viajar al entierro y yo dormí con una foto de mi papá debajo de la almohada sin hablar ni una sola palabra hasta el día que mi papá regresó. 

Nuestro hogar era pequeñito y acogedor, mi mamá y mi papá me consintieron siempre, e invariablemente, con sol o con lluvia, viví mi primera infancia dentro de una hermosa burbuja de eterna felicidad.

Sunday, December 28, 2014

Aquellos Ojos Verdes

Mi enfermedad me tenía agotada. Mis niveles de oxígeno en la sangre continuaban bajando y me costaba demasiado respirar. Mi estado aún no se consideraba grave pero decidieron trasladarme a Nueva Orleans a una de los mejores clínicas del país. No se perdían las esperanzas de que sus especialistas me proveyeran de un mejor tratamiento antes de que mi situación se complicara mas.

Durante el registro me asignaron a una enfermera originaria de la India, llamada Rohini, de tez oscura y ojos verdes. Percibí una rara sensación en su presencia. El verde de los ojos era tan claro que parecían transparentes causándome un efecto estremecedor. Ella chequeó todas mis formas,  y me citó para el día siguiente a las 7 de la mañana. Cuando me entregó mis documentos noté sus uñas extremadamente largas; “curiosas manos para una enfermera” pensé para mi misma.

La clínica tenía un área anexa tipo hotel con habitaciones privadas para familias y pacientes que necesitaban chequeo diario pero no hospitalización. Este anexo se conectaba a través de un pasillo largo con ventanas que iban de techo a piso e iban escoltadas por líneas de inmensos árboles que rodeaban el hospital. La habitación que me asignaron era espaciosa, con una pequeña sala, cocina, su baño privado y dos camas individuales.  Con todo y mi dificultad respiratoria el cansancio del viaje me derrumbó y me quedé dormida en menos de 15 minutos. Eran aproximadamente las 11 de la noche.

A eso de la una de la madrugada me desperté con un ruido en la ventana contigua a mi cama; había mucho viento y supuse que una rama habría golpeado el vidrio. Unos segundos mas tarde el mismo sonido se escuchó pero esta vez en la puerta del cuarto. Un poco asustada me puse en actitud de guardia pero cesó el zumbido del viento y todo regresó a la calma. Sin embargo, al intentar dormirme de nuevo, comenzó una lluvia torrencial.

Todo el hospital perdió electricidad. La noche no podía ser mas oscura y tormentosa. La única luz disponible era la de los relámpagos que se veían caer en los jardines del hospital y hacía que los árboles parecieran figuras gigantes temblando con movimientos violentos. El aguacero era tan apoteósico que se sentía como si el cielo se estuviera abriendo y partiendo en dos inmensos pedazos. El ruido de los truenos era ensordecedor. Súbitamente, todo se calmó de nuevo. Paró de llover, cesaron los relámpagos. 

Todo se encontraba en completa oscuridad y absoluto silencio cuando escuché un susurro ahogado afuera de la habitación. Era un lamento que parecía salir del fondo del alma de quien los emitía. Yo estaba completamente aterrorizada y aunque no me atrevía a moverme sentí una fuerza externa que me levantó de la cama; me dirigí hacia la puerta caminando lentamente, casi en trance. Los susurros continuaban, ahora murmurando mi nombre repetidamente atrayéndome con la fuerza del vacío. Sentí que algo se apoderaba de mi cuerpo. Me dirigí convulsionando hacia un pequeño punto de luz que venía del visor de la puerta. A través de éste, un agudo y brillante destello me penetró la mirada violentamente y me cegó. El destello provenía de aquellos ojos verdes; de un verde tan claro que era casi transparente. 

El pestillo se empezó a deslizar, se abrió la puerta y entró Rohini con una sonrisa diabólica. Clavándome sus uñas afiladas me arrancó los ojos y susurrándome al oído me dijo “tranquila, pronto podrás respirar, no podrás ver, pero podrás respirar”.


- Urrutia Del Palmar

Saturday, December 27, 2014

Arquitectura Para Todos Mis Gustos

No hay nada que mas me guste que estar en mi casa. Sea cual sea su marco, me encanta la paz y sosiego de sus rincones. Amo variadas arquitecturas hasta el punto que nunca me he podido definir por una para construir la casa de mis sueños; por ende decidí vivir en todas ellas entre mi casa principal e infinitos pied-à-terre. Aunque éstos últimos no son de mi propiedad los habito por temporadas para disfrutar de mis ensueños. Todas las casas son sencillas, decoradas con poco, pero muy acogedoras.

Mi casa principal es una hermosa casa colonial española con un patio central y un patio exterior que la rodea. La estructura es de concreto y ladrillos, con vigas de madera. Los acabados de las paredes son de textura rústica y los pisos son de cemento pulido con baldosas formando patrones decorativos. Tiene ventanas y portones de madera con vidrio que permite a todo momento ver hacia los patios. Todos los muebles, mesas, sillas, bancos, camas, bar, son formados en concreto.

Mi momento favorito en esta casa es cuando llueve. Veo la lluvia desde todos los ángulos de mi casa. Las plantas del patio central se refrescan y las ventanas me permiten observas las baldosas mas brillantes aun.

Mis pied-à-terre son todos diferentes, pero igual me trasladan a mis diferentes sueños residenciales. Uno de mis favoritos es mi casita de arquitectura modernista de los años 50. Amplios espacios y paredes de vidrio que brindan claridad todo el día. Muebles sencillos y lineales, con madera lisa y cojines de colores amarillos y verdes. Un barcito cerca del comedor para el martini de las tardes, la casa está inspirada en mi amada hechizada. Un hermoso y sencillo jardín exterior sin cercas o muros me permiten disfrutar las líneas de las casas vecinas.

Otra de mis residencias favoritas es mi apartamento de Boston. El edificio es de varios pisos y su arquitectura es de piedra caliza de color rojizo, llamado comúnmente brownstone. La arquitectura interior es un poco elaborada pero la suavizo con pocos muebles y una decoración sencilla. Las molduras de la chimenea son hermosas y los pisos de madera son cálidos y acogedores. Las puertas de la casa son puertas que se deslizan entre las paredes para ahorrar espacio y las ventanas son altas para permitir la luz a mi pequeño espacio. Todas las edificaciones son iguales en la hermosa calle arbolada. Cuando transito en ella me ubico en el siglo 19 y dejo fluir mi imaginación.

Por último, pero nunca menos favorita están mis casitas en la playa. Una en la costa este de Estados Unidos, en Maine, y la otra en una isla tropical. Ambas con hermosas ventanas de techo a piso que me permiten volar mi imaginación en el ancho mar. Una me permite leer arropada en mis cobijas con mi chimenea encendida mientras veo las olas violentas romper contra las rocas. Sus paredes son de madera oscura brindando calor para los meses de frio. Mi casita tropical es, contrariamente, de color claro, amarillo tostado, sencilla y muy similar a mi casa colonial principal, pero mucho mas reducida. Igual cuenta con su pequeño patio interno y un portón que en vez de dar a un patio externo me dirigen directamente a una caminería que da al mar.

Mis residencias son todas de mis ensueño, tal vez unas mas que otras, pero encontré la forma de deleitarme con todas ellas. Cada año disfruto de las variadas arquitecturas que amo, encontrando siempre ese deseado solaz, ya sea detallando el mar, leyendo un libro, tomando cafe, caminando por el vecindario, bebiendo un martini, o detallando la lluvia desde mi patio interior.

Tuesday, December 23, 2014

Mi Hermano Olímpico

Mi hermano tenía muchos intereses pero ninguno a la vez. De pequeño tenía trenes, scalextric, le gustaba el beisbol, coleccionaba metras, o estampillas. Tuvo una vez un rifle de balines y otro de aire y me mortificaba que su objetivo eran los pajaritos. Nunca duró mucho con ninguno de estos pasatiempos;  me parecía a mi que las cosas le gustaban por moda o temporada. Sin embargo el tiro con pistolas y rifles de aire fue algo que aunque dejaba con frecuencia volvía a apasionarlo cuando lo retomaba.

Empezó a practicar con seriedad cuando tenía 16 años y poco a poco comenzó a participar en campeonatos de tiro. Como dice el dicho "donde ponía el ojo, ponía la bala". No dejó escapar ninguna competencia de la galería de tiro donde entrenaba. Siempre ganaba. Los dueños de la galería le ofrecieron participar en campeonatos intra-galerías y su nombre se empezó a conocer en la ciudad. De allí siguió a campeonatos regionales, siempre en el sector privado. Algunas de las competencias fueron incluso internacionales, ya que a veces invitaban a miembros de galerías de tiro de países cercanos.

Nunca lo había visto tan serio con un tema. Practicaba tres veces por semana en la galería y los fines de semana por horas en campo abierto. Los días de competencia siempre llegaba a la casa con trofeos y medallas. No había campeonato donde no ocupara el podio. Una vez me dijo a tono de chiste: "Voy a tener que abandonar este deporte. No me caben los trofeos en la casa".

Su pistola de aire favorita era una Beretta y los representantes de la Beretta decidieron patrocinarlo. Siendo ahora la imagen de tan reconocida marca en los círculos de tiro, lo llevaron a representar al país en competencia intra-clubes amistosas. Sus rotundos éxitos hicieron que el recién nombrado Ministro de Deporte, quien estaba indirectamente relacionado con la práctica de tiro, lo comenzara a embelesar para participar en una competencia amistosa donde participarían tiradores de alto calibre de otros países. Algunos de estos participantes estaban ya clasificados para el próximo campeonato Panamericano y el ministro quería ver como se desenvolvía con mayor presión.

Para mi hermano esta competencia no fue sino otra mas de las de su especialidad, la pistola de aire - 10 metros. Mi hermano quedó de segundo, debajo del competidor americano. El ministro se le acercó a mis padres y les dijo: "Este muchacho tiene un gran potencial. Me gustaría que practicara con el equipo nacional y ver si lo podemos llevar como parte del equipo para el campeonato en Uruguay."

Mis papás por supuesto no ofrecieron ninguna resistencia ya que mi hermano disfrutaba inmensamente esta actividad, la cual había comenzado como un pasatiempo y se convirtía ahora en una responsabilidad con el país.

Día tras día mi hermano, del colegio, se iba a las prácticas para prepararse para su primera competencia oficial representando los colores del país. En los Panamericanos quedó de segundo otra vez detrás del mismo americano. El ministro del deporte le dijo a mis padres: "Este joven es potencial olímpico considerando que quien le ha ganado dos veces es el mejor del mundo."

Mi hermano no se dejaba llevar por los nervios. Continuó practicando con el único objetivo de quedar como miembro del equipo que iría a las Olimpíadas de 1984 en Los Angeles, y así lo logró. El día de la  clasificatoria el Ministro le dijo: "Tienes que hacer dos cosas. Una, hacer lo mismo que haces en cada competición. Dos, hacerlo mejor. No le tienes que ganar al americano. Le tienes que ganar a ti mismo".

Había llegado el día. El día que nadie hubiera podido haber previsto. Mi hermano competía en las olimpíadas. Todos en la familia estábamos mas nerviosos que él. El americano, quien se había mostrado en un par de oportunidades superior a mi hermano, tenía la ventaja de competir en su propio suelo, pero el triunfo no era lo que estaba en nuestras mentes. Solo queríamos que mi hermano tuviera la experiencia de su vida. Aunque lo veríamos en vivo por televisión, él prometió llamarnos apenas terminara su participación, no importara lo que pasara.

Allí estábamos toda la familia y todos los vecinos orgullosisimos de su logro. No lo vimos disparar  sus 60 tiros reglamentarios pero vimos lo suficiente; lo hacía con la extremada calma que lo caracterizaba. No sabíamos lo que iba ocurriendo porque no era fácil seguir la pista del puntaje de los otros competidores, además el narrador de la televisión era de esos típicos comentadores deportivos que saben de todos los deportes pero no saben de ninguno.

Al final de la competencia, en un momento que resultó para nosotros en cámara lenta la imagen de la televisión se enfocó en mi hermano y en el americano que ya conocíamos. Este le dijo algo a mi hermano en el oido. Mi hermano sonrió.

Lo siguiente que vimos fue el podium y mi hermano subiendo en el. Las lágrimas no nos dejaban ver la pantalla. Todos llorábamos al unísono y cuando oímos el himno nacional de nuestro país es cuando por fin asimilamos que mi hermano se había llevado el oro.

Diez minutos mas tarde sonó el teléfono y volé a atenderlo. Era mi hermano quien estaba muy emocionado. Le dije que lo habíamos visto y que habíamos visto su maravillosa actuación y su hermosa medalla. Lo único que atiné a preguntarle fue qué le había dicho el americano al oido. Mi hermano contestó "Me dijo, no sólo me ganaste, sino que te ganaste a ti mismo".

- Urrutia Del Palmar

Simposio Latinoamericano de Letras


En el país donde nací y crecí no había cultura de gente joven trabajando. Trabajar antes de graduarse de la universidad indicaba que tus padres sufrían de problemas económicos y en la cultura latinoamericana eso es mas una verguenza que una virtud. Pero en algún verano de mi época universitaria la novia de mi hermano me ofreció un trabajo para ser voluntaria en un simposio latinoamericano de letras. Como el trabajo era voluntario, sin paga, estaba "bien visto".

El trabajo era en la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, mejor conocida como la Casa Bello. Ubicada en el centro de la ciudad de Caracas, de Mercedes a Luneta, prácticamente al lado del Panteón y de la Biblioteca Nacional, estaba a escasos 2.5 kilometros de mi casa, lo que me permitía ir a almorzar para regresar en la tarde.

La casa era una hermosa casa colonial en la cual durante mis descansos laborales me iba a curucutear los rincones de ella. Había un cuarto lleno de vitrinas hermosas cerradas con libros mas hermosos aún que no se podían tocar. Era la biblioteca donde me embelesaba como niño chiquito acercandome a la vidriera para contemplar libros y archivos históricos que parecían rendirle un culto a lo sagrado.

El movimiento en la casa para la preparación del simposio era impresionante. Entraban y salían figuras importantes de las letras venezolanas, evaluaban con los coordinadores la logística de los viajes, del traslado de los invitados, y de los talleres. Yo mientras tanto seguía instrucciones, escribía nombres y direcciones, metía tarjetas en ellos, sellaba los sobres, tachaba el nombre de la lista, y ponía el sobre en la bandeja de salida.Cuando ya todas las invitaciones fueron enviadas ayudaba en lo que me mandaran a hacer. Me gustaba el ambiente, la organización, y me emocionaba que podría conocer a letrados de otros paises.

El simposio estaba planificado en los salones de eventos de Parque Central. Mi asignación para al día de la inauguración, fue ayudar con el registro de los participantes y proveerlos con sus tarjetas de identificación. Agradecida por mi buena memoria, recordaba cada uno de los nombres de las tarjetas que había enviado y sonreía para mi misma.

Pude atender algunos de los talleres pero no tengo mayores recuerdos de lo que se hablaba. Lo que mas me quedó de esta primera experiencia laboral fue la apreciación por los organizadores del evento quienes alcanzaron con éxito la meta de traer a ilustres de las letras del continente para discutir las tendencias de este arte. Pude igualmente apreciar cuán dificil y complejo es organizar un evento de esa magnitud. Yo solo seguía órdenes específicas, pero aprecio que mi bella caligrafía Tarbesiana, modestia aparte, me haya procurado un trabajo, el cual fue escribir los sobres de las miles de tarjetas de invitación para todos los literatos del continente latinoaméricano desde México hasta la Argentina.


Sunday, December 21, 2014

La Montaña Y El Mar

Por supuesto que tenía que escoger. No podían ser las dos cosas sino una sola. Aún me pregunto de donde me viene esa manera de ser de ver las cosas tan poco flexible. O es uno o lo otro. Así me he movido a lo largo de este camino para decidir cual es mi escenario, mi canción, mi color, mi fruta, mi libro o mi película favorita. Preguntándome todo el tiempo si me gusta mas la montaña o el mar, el aguacate o el mango, la fresa o la zarzamora, la ciudad o el campo, el amarillo o el azul. Y ni hablar de política, porque entonces hay que ser de derecha o de izquierda.

Adicionalmente mi mente analítica se la ha pasado todos estos años preguntándose el porqué de esta situación. Fueron las monjas estrictas? O mis firmes padres? O mi mente cuadriculada? Siempre me decido por la última, porque hay que elegir. No es una influencia de múltiples variables juntas, tiene que haber una razón única. Porque así soy yo, una cabeza cuadrada.

Pero entre todas las cosas que me he sentido "obligada" a decidir y que me ha perseguido durante la vida, es si me gusta mas la montaña o el mar. Preguntaría un artista, y por qué hay que escoger? Y regreso al análisis de que ya yo venía de fábrica enmarcada en ángulos de noventa grados teniendo que contestar las preguntas con una respuesta única. Es como si la vida fuera un examen de selección múltiple con una sola respuesta válida.

Dos específicas experiencias me han intentado decir que no hay que escoger entre la montaña y el mar. Que es como los hijos. Cada uno es diferente, tal vez incluso con caracteres completamente opuestos, pero se les quiere igual. La primera oportunidad fue en una de mis mas amadas excursiones del cerro El Avila, donde a cada paso que daba y con cada gota de sudor por el esfuerzo deducía que no había nada como la montaña, pero cuando desde la cima del pico mas alto de la cordillera de la costa venezolana, pude ver en un día claro, a 2.900 metros de distancia vertical, el majestuoso mar Caribe me quedó expuesto mi pasión por ambos. 

La segunda ocurrió hace unos pocos años cuando en una de mis rutinas diarias corría en las montañas del Estado de Washington, entre los imponentes árboles, la densa vegetación y disfrutando del olor de la tierra mojada. Podía cerrar los ojos y sentir el encanto del lugar, pareciera que no podía haber nada mas placentero. Hasta cuando de visita a mi segunda casa en Long Beach, California, al final de la misma semana, corría por la playa muy temprano en la mañana, sintiendo como la niebla del océano y el olor salino del mar entraba penetraban todo mi ser. Cerré los ojos y cada sentido se percibió gratificado. 

Una vez mas me dije, la montaña y el mar son como los hijos, se les quiere igual. 

- Urrutia Del Palmar

Cuento original publicado el 21 de julio del 2007 en ingles: Between the mountains and the sea

Saturday, December 20, 2014

Entre Café y Biscotes

El café de la placita estaba atiborrado. La temperatura era sumamente plácida e invitaba a disfrutar de una cálida tarde al aire libre. En el medio de la algarabía italiana y entre biscote y biscote yo me devoraba El Cuento del Pirata Tuerto. El título sonaba fatal pero Adina me lo había regalado comentándome que era una de sus aventuras favoritas. Allí estaba yo sentada leyendo como el pelo largo y rizado del pirata se le metía en el ojo accidentado y preguntándome que clase de aventuras Adina había tenido para que este cuento le pareciera fantástico.

De pronto un hombre se me acerca a la mesa y en el medio de señas me comunica si se puede sentar en lo que parece ser la única silla desocupada del café. Con mi cabeza dentro de los pelos del pirata medio volteo a chequear todas las mesas y en efecto no hay lugar donde sentarse. Le doy la señal de bienvenida sin siquiera mirarlo, agarro un pedazo de biscote, me lo medio meto en la boca y empiezo a medio apilar todo el desorden que tengo en la mesa. Cuando levanto la vista y lo veo aspiré tan desacertadamente, que el biscote se me atravesó en el medio de la garganta y me empecé a ahogar. No podía tragar pero tampoco me atrevía a toser porque el impulso con el que los pedazos del pan duro saldrían harían de la situación algo vergonzoso. En medio de mi torpeza el hombre trataba de ayudarme y yo, con una sonrisa falsa como la del guasón de Batman y con los ojos desorbitados a lo Chucky, le indicaba que todo estaba perfecto.

Tomé un sorbo de café para ver si el biscote se disolvía pero al ver el gráfico en la carátula del cuento del pirata lo que hice fue casi convulsionar. No solo el que escribió el cuento era mal escritor sino que lo acompañaba en su desgracia un dibujante gráfico de pacotilla.  Ahora la tos abizcochada anunciaba que un chorro de café y masa tiesa podrían dirigirse hacia el hombre con la fuerza de un volcán.  

El hombre estaba pasmado. Seguro que deseaba disfrutar de una tarde tranquila en su probable anhelado anonimato, pero su desafortunada anfitriona lo que le brindaba era una barata tragi-comedia italiana. La culpa se la hecho al pirata tuerto. Le hice señas al mesero para que me trajera agua pensando que siendo ésta mas ligera que el café, me ayudaría a descender todo lo que tenia atragantado en mi tráquea. 

Al fin respiro. No se si mirar al hombre, al pirata, o el piso. Ni se me ocurre hablarle porque reconocerá que hablo su mismo idioma y se dará cuenta de que soy una turista igual que él. Y me preguntará de donde soy y no podré mentir. Y se enterará de que la mujer que le acaba de ofrecer un convulsivo show pertenece a la misma ciudad donde él vive. Y sabrá entonces que lo tengo que haber reconocido, y ahora yo seré yo la que quiere ser anónima. 

Entre que me hago tantas preguntas veo al pirata y pienso en Adina. Quiero botar el libro. Me pregunto si el pirata tendrá un garfio en la mano derecha. Veo las manos de mi acompañante de café y noto que son inmensas, pero eso ya yo lo se. Es una de las características y cualidades que lo hacen extraordinario. Quiero pedirle un autógrafo pero no quiero interrumpir su incógnito  viaje por Italia. Quiero tomarme una foto y empiezo a inventar planes para ello.  Quiero decirle cuanto lo admiro pero le robaría la paz del anonimato. Quiero decirle que nunca cambie. Quiero decirle que su entera base de apasionados fanáticos lo amamos pero eso Russell Wilson ya lo sabe.


- Urrutia Del Palmar